Cómo llegar a ser corresponsal en el extranjero: una entrevista con Ann M. Simmons

por Taylor Mulcahey
Jun 20, 2021 en Diversidad
Ann M. Simmons

Este artículo es el tercero de una serie de perfiles que destacan el trabajo de periodistas negros en los medios de comunicación. En IJNet comenzamos a barajar esta serie para el Mes de la Historia Negra, que se conmemora en Estados Unidos en el mes de febrero, pero nos dimos cuenta de que el valor de destacar las voces negras se extiende más allá de un mes. En esta serie mantendremos el debate abierto todo el año. Si deseas compartir tu propia experiencia como periodista negro o negra, envía un correo electrónico a tmulcahey@icfj.org.


Cuando era una niña y asistía a la escuela en Londres, Ann M. Simmons decidió que no quería estudiar francés. En su lugar, tomó clases de ruso, lo que marcaría el curso de su carrera.

"Mi vida se decidió básicamente a los 11 años", dice. "Desarrollé un interés, un interés extremo -casi una pasión- por la historia y la literatura rusas".

Durante los últimos tres años, Simmons ha sido la jefa de la oficina de Moscú del Wall Street Journal. Aunque siempre quiso trabajar en Rusia, su carrera dio muchos giros antes de aterrizar allí.

Simmons se graduó en la universidad con títulos en ruso y noruego. Después de trabajar durante un año en publicaciones de Londres como The Caribbean Times y The Voice, escribiendo sobre las poblaciones migrantes del país, se matriculó en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. Desde allí, Simmons aceptó un trabajo en el Miami Herald antes de pasar a la revista Time.

"Después de unos seis meses de trabajo allí como periodista e investigadora, me ofrecieron un trabajo como reportera en la oficina de Moscú", dijo. "Fue a principios de los años 90, una época fantástica para estar allí. El colapso de la Unión Soviética, el golpe de Estado contra Gorbachov y el ascenso de Yeltsin".

Simmons regresó a Estados Unidos y cubrió política interior, pero su pasión estaba en el extranjero. Finalmente, aceptó un trabajo como jefa de la oficina de Nairobi de Los Angeles Times. También cubrió el huracán Katrina e Irak para la publicación.

Pero siempre quiso volver a Rusia. "Mantenía mi conocimiento del idioma. Todo el tiempo que estuve en Los Ángeles tuve un tutor", dijo. "Y llegó la oportunidad en el Wall Street Journal".

Durante su estancia en Moscú, ha cubierto de todo, desde geopolítica e historias de interés humano hasta la pandemia. Hablé con Simmons sobre su carrera, los consejos que tiene para los aspirantes a corresponsales y lo que ha significado para ella ser una mujer negra en la corresponsalía extranjera.

 

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Muchos periodistas aspiran a ser corresponsales en el extranjero, un campo al que es difícil entrar. ¿Qué consejo les darías?

Mi consejo es formarse en varias partes del mundo.

Hay que tener sed de información y leer, sobre todo. Mi pasión, además de África, era Rusia, así que sabía que tenía que mantener mis conocimientos de idiomas. También tenía que consumir todas las noticias que pudiera conseguir sobre Rusia en cualquier medio. Así que si alguna vez tenía la oportunidad de una entrevista, podía demostrar conocimientos sobre el país.

Aprender el idioma también ayuda. Te pone un paso por delante de los demás a la hora de buscar trabajo. Siempre le digo a los jóvenes, y sé que es muy difícil ahora por las circunstancias en las que estamos, que intenten viajar. Sé que no es justo decir esto si la gente no tiene los medios para hacerlo. Pero si pueden, hagan un viaje corto, incluso cercano. Mientras estés allí, aunque sea de vacaciones, busca siempre ideas para historias. Cuando entres en una habitación o incluso cuando estés en la playa, abre todos tus sentidos. ¿Qué ves? ¿Qué oyes? ¿Qué hueles? Todo eso sirve para escribir una historia poderosa.

También es muy importante hacer contactos. Doy muchas charlas para la Asociación Nacional de Periodistas Negros. He participado en paneles y talleres, y siempre doy mi tarjeta. Si la gente te ofrece sus tarjetas, tienes que responderles si vas en serio. Es tu responsabilidad hacer un seguimiento. Llamarla. No te rindas. Toca la puerta. Si está cerrada, golpea de nuevo. Todo eso es un buen entrenamiento para informar.

Ann Simmons

¿Qué temas prefieres cubrir, sobre todo en pandemia?

Me gusta mucho cubrir temas geopolíticos, las historias que básicamente nos dicen cuál es el papel de Rusia y cuál quiere que sea su papel en la escena mundial. Es el de un país respetado, un país que tiene mucho que ofrecer pero que a veces se siente atacado por Occidente (y hablo por lo que he oído a funcionarios de aquí).

También es importante para mí hacer historias sociales y mostrar a la gente de fuera de Rusia que no, que no hay osos paseando por la calle principal de Moscú o que sí, que la gente lleva abrigos de piel. Aquí hace frío, pero hay mucho más. Se trata de contar la historia de quiénes son los rusos y qué es Rusia, y por qué ha recorrido un largo camino. Si estás en Moscú o San Petersburgo o cualquier otra gran ciudad, podrías estar en cualquier capital occidental en cuanto a lo que hay disponible. Obviamente, la situación no es la misma en el interior del país. Eso es lo que nos esforzamos por mostrar a la gente. Al igual que Nueva York no es Estados Unidos, Moscú no es Rusia.

En lo que respecta a la pandemia, Rusia fue la primera en tener una vacuna, la Sputnik V. Y está vendiendo la vacuna en el extranjero. Ha habido reticencia a recibirla de parte de su propia población. También hemos escrito sobre el hecho de que en Moscú y San Petersburgo puedes ir a un buen hospital si te pones enfermo, pero en las afueras de Moscú, puedes quedarte esperando una ambulancia por 24 horas. Los hospitales están saturados y la gente se amontona en los pasillos porque no hay suficientes camas. Así que aquí hay dos realidades diferentes.

¿Qué puedes decirnos sobre ser una periodista negra en Estados Unidos y como corresponsal? ¿Hay alguna experiencia que creas que puede ser útil para otros periodistas negros que estén pensando en entrar en este campo?

Número uno, no encasillarte. Lo que quiero decir es que, sí, soy una periodista negra y sí, estoy muy interesada en cubrir el continente africano, pero eso no significa que por ser negra África sea el único lugar que quiero cubrir o que me interesa.

Tengo acento británico, pero si hablo por teléfono con alguien, no se espera que sea una mujer negra de 1,88 metros de altura. He aparecido y ha sido un shock o una sorpresa. No es hostilidad pero, al mismo tiempo, te preguntas si esa persona se va a comportar de otra manera ahora que sabe que eres negra. Yo diría que no dejes que el color se interponga en tu camino. Tal y como yo lo veo, si alguien tiene un problema con una persona de mi color, es su problema, no el mío. Y no puedo permitir que eso me afecte a mí y a mi trabajo.

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En la sociedad estadounidense sigue existiendo un sesgo inconsciente, al igual que en el Reino Unido y en muchos otros países. Mi experiencia en Rusia ha sido interesante, y he visto cómo ha evolucionado. Por ejemplo, cuando era corresponsal aquí en los años 90, no era tan común ver a una persona negra, y desde luego no a una mujer negra occidental. Muchos me miraban fijo. Pero en realidad utilizo eso a mi favor porque había curiosidad y también ignorancia.

Hoy en día, la nacionalidad juega un papel importante porque inmediatamente la gente piensa que soy afroamericana porque tengo ambos pasaportes. Ahora me preguntan cómo es vivir en Estados Unidos siendo negro, y eso se debe al impacto del movimiento Black Lives Matter.

En términos de hacer periodismo, no he encontrado que sea una desventaja en Rusia. En Moscú y San Petersburgo, las grandes ciudades, es muy fácil moverse ahora porque la gente está más acostumbrada a ver gente de color. Pero si te aventuras en los suburbios o en otras partes más remotas, en el interior o incluso en algunas de las antiguas repúblicas soviéticas —hace poco estuve en Azerbaiyán, por ejemplo— sigue habiendo mucha curiosidad y miradas. Yo diría que eso no me ha afectado a la hora de ejercer mi profesión. Y, en muchos sentidos, ha mejorado ha sido beneficioso ya que me permite entablar una conversación.

¿De qué manera las redacciones podrían apoyar la diversidad?

La primera mitad del trabajo es tomar conciencia de tus puntos débiles y, en segundo lugar, abordarlos. Yo diría que la empresa en la que trabajo ha hecho un excelente trabajo en ese sentido. En general, las empresas tienen que pensar en garantizar que para cada puesto de trabajo haya una persona de color cualificada entre los candidatos. Obviamente, eso no está escrito en el currículum de nadie, pero se puede salir activamente a buscar gente. Haz correr la voz entre tu staff: "Queremos entrevistar a 10 personas para este trabajo en particular. ¿Conoces a alguna persona de color cualificada que pueda estar entre los candidatos?". No estoy hablando de dar ventaja a alguien, sino de tener personas igualmente cualificadas en la sala de entrevistas.

El número dos es diversificar el tipo de fuentes a las que se recurre. Para cualquier cobertura, intenta contactar con personas de color. Hay muchos expertos en diversos campos. No se trata sólo de personas de color, sino de mujeres y personas de color. También es importante poder tener conversaciones francas, y The Wall Street Journal ha sido muy bueno en este sentido; en el de dar a los empleados la oportunidad de decir lo que piensan. Tiene que haber un espacio seguro en el que todo el mundo pueda hacer preguntas y se le permita decir: "Mira, no estoy siendo irrespetuoso con nadie, simplemente no conozco este aspecto concreto de tu cultura. ¿Puedo preguntar sobre él?".

La inclusión es muy importante. Es un lugar común decir que una redacción diversa conduce a una mejor cobertura y a un mayor engagement. Pero realmente es así: la inclusión y la diversidad son la clave del buen periodismo.


Taylor Mulcahey es una periodista y editora freelance con sede en Minneapolis. Es la ex editora en jefe de IJNet.

Imágenes cortesía de Ann M. Simmons.