Los medios libaneses a un año de la explosión en Beirut

Aug 4, 2021 en Temas especializados
Lebanon flag

El 4 de agosto de 2020, una explosión en el puerto de Beirut sacudió la capital del Líbano, matando a más de 200 personas, hiriendo a miles y arrasando las casas y comercios de los alrededores. La conmoción de la explosión, causada por cientos de toneladas de nitrato de amonio mal almacenado, repercutió en un país que ya arrastraba décadas de corrupción gubernamental, mala gestión financiera y abusos de poder.

Un año después, muchos de los residentes afectados de Beirut continúan sin hogar. Las víctimas de la explosión, y las de todo el país, siguen sin tener respuestas sobre la causa del desastre y sus responsables. Sin embargo, las crisis sucesivas y superpuestas han impulsado un cambio en los espacios cívicos y mediáticos libaneses, con un creciente llamado de los ciudadanos al cambio y la rendición de cuentas.

Los medios de comunicación del país están asistiendo a su propia revolución al enfrentarse a una realidad cambiante y a la evolución de las necesidades de sus audiencias. IJNet entrevistó a periodistas, activistas y actores de la sociedad civil del país para ver de qué modo el desastre impactó en los profesionales de los medios, los medios mismos y su futuro.

Hacia un periodismo de transparencia (por ahora)

A pesar de sus vibrantes espacios cívicos y mediáticos, el Líbano no cuenta con una cultura sólida que exija la rendición de cuentas. Una política de amnesia colectiva instituida tras 15 años de guerra civil, concedió la amnistía a los perpetradores, permitiendo que los señores de la guerra se convirtieran en políticos, muchos de los cuales continúan en el poder.

Un cambio notable en los medios de comunicación libaneses ha sido la transición hacia el periodismo de investigación. De acuerdo con Ayman Mhanna, director ejecutivo de la Fundación Samir Kassir, una ONG de Beirut dedicada a la libertad de expresión, los medios ya no pueden darse el lujo de ignorar los rotundos llamados de la población a que los gobernantes rindan cuentas.

Incluso los medios de comunicación tradicionales, que en su mayoría son propiedad o están afiliados a partidos políticos y sus líderes, han tenido que cambiar sus prioridades informativas. Dar protagonismo a los funcionarios en lugar de dárselo a los temas que importan a los ciudadanos "ya no era tolerable", dijo Mhanna.

Los periodistas que trabajan en cadenas tradicionales, como Al Jadeed y MTV, van más allá de la simple cobertura de los acontecimientos, profundizando en los fallos sistemáticos de la infraestructura política libanesa. Mhanna se refirió a los recientes incendios forestales que se extendieron por el norte del país, y señaló que las investigaciones realizadas por la MTV antes de los incendios forestales advertían de que el cuerpo de bomberos estaba mal equipado para hacer frente a una catástrofe de ese tipo.

Si bien se trata de una dirección prometedora para los medios de comunicación, Mhanna no tiene claro si continuará. La verdadera prueba de fuego, dijo, serán las próximas elecciones generales de 2022. "Es muy importante que, una vez planificadas, los medios no vuelvan a su programación anterior".

Layal Bahnam, directora de programas de la ONG para la libertad de expresión Maharat, señaló que los periodistas de investigación aún tienen un difícil camino por delante. Aunque cada vez más profesionales buscan la transparencia y la denuncia, el entorno legal y profesional no suele ser propicio para ese tipo de coberturas. "Los periodistas no tienen acceso a la información", dijo Bahnam. "Y aunque hay algunas leyes que pueden ayudarlos, no se están aplicando". 

El cambio hacia el periodismo de investigación se ve todavía más obstaculizado por el aumento de las demandas contra los periodistas; una táctica habitual de las autoridades desde las protestas de octubre de 2019.

Elias Chahine, un experimentado corresponsal de MTV, añadió que "no hay una semana en la que los periodistas no estén expuestos a demandas por su trabajo". Las autoridades libanesas los retienen, interrogan, registran y piden información sobre sus fuentes, entre otras tácticas, explicó Chahine.

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Medios alternativos vs. medios mainstream

Las protestas contra la corrupción que recorrieron el país en octubre de 2019 hicieron que los medios digitales alternativos ganaran más seguidores. Entre ellos, Daraj Media, un medio digital libanés fundado por periodistas con larga experiencia, y The Public Source, especializado en periodismo en profundidad. Ambos lideran el periodismo de investigación actual.

La cofundadora de Daraj Media, Alia Ibrahim, contó que la organización ha dirigido series de investigación a gran escala, como una sobre las finanzas del director del Banco Central de Líbano, Riad Salameh, y otra sobre los subsidios internacionales que llegaron al país tras la explosión. Aunque los ciudadanos libaneses son conscientes de la corrupción endémica del gobierno, explicó Ibrahim, el trabajo de Daraj consiste en "dejar constancia" y desafiar el regreso a "la mentalidad de siempre".

Las investigaciones de la Fundación Maharat muestran que los medios alternativos son especialmente populares entre los jóvenes del país, muchos de los cuales están cada vez más desencantados con los medios convencionales, que tienden a seguir líneas sectarias y partidistas. Los medios alternativos, además, representan una mayor diversidad de voces y una mayor representación de género que los tradicionales.

Bahnam cree que los medios alternativos obligarán a los convencionales a cambiar sus agendas, gracias a su atractivo para los jóvenes influencers de las redes sociales. Un ejemplo es una investigación sobre la donación de 3.685 toneladas de té al Líbano desde Sri Lanka tras la explosión en Beirut. "La gente se preguntaba en Twitter qué había pasado con ese té", explica Bahnam. "Cuando el debate se convierte en tendencia en las redes sociales, los principales medios de comunicación no tienen más remedio que informar sobre ello".

¿Y la sostenibilidad?

Los medios de comunicación del Líbano están padeciendo la histórica crisis financiera del país. La depresión, considerada una de las peores del mundo desde mediados del siglo XIX por el Banco Mundial, ha hecho que la moneda local caiga en picado mientras los precios de los bienes y servicios se disparan.

"Los periodistas, cuyos sueldos ascendían a US$3.000 al mes, viven ahora con US$200", dijo Chahine. Esto ha obligado a los medios a hacer importantes recortes en sus operaciones y personal. Muchas de las redacciones y de los periodistas de Beirut afectados por la explosión han recurrido a ayuda internacional y a subsidios para recuperarse.

Para Nadim Ladki, redactor jefe del Daily Star, el desafío se ve agravado por la disminución de los ingresos publicitarios a nivel mundial, sobre todo a raíz de la pandemia. Ladki dijo que no puede garantizar que el medio siga funcionando más de otros seis meses. "Desgraciadamente, las cosas están llegando a una fase en la que algunas organizaciones de renombre van a cerrar", señaló.

La escasez de combustible y de energía eléctrica también significa que los periodistas no pueden ni siquiera informar sobre el terreno. "No tengo suficiente combustible para conducir por la calle", dijo Chahine, quien tuvo que recurrir a fotos y videos enviados por amigos para informar sobre los incendios forestales en el norte del país.

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El acceso a financiación suele ser más difícil para los medios alternativos. Varios se niegan a recurrir a las fuentes de ingresos tradicionales vinculadas a empresas controladas por funcionarios políticos. Lara Bitar, editora fundadora de The Public Source, subrayó que la sostenibilidad financiera sigue siendo una preocupación fundamental. "Las organizaciones independientes necesitan muchos otros tipos de apoyo", dijo. "Pero ninguna importa si no podemos mantenernos y dejamos de existir después de un par de años".

Medios como Daraj Media han tenido cierto éxito al diversificar sus fuentes de ingresos añadiendo servicios de producción y consultorías. Ibrahim señaló además que las colaboraciones con medios regionales y nacionales independientes también están empezando a dar frutos. "Las colaboraciones nos han ayudado a publicar contenidos fascinantes. Nuestro alcance es más amplio cuando trabajamos juntos y el impacto es mayor", dijo.

Para Mhanna, la crisis económica tiene un lado positivo en lo que respecta a los medios convencionales. "La financiación política y la publicidad no existen en una economía colapsada", observó. Esto obliga a los principales medios a reevaluar sus actuales modelos de financiación y a orientarse hacia el periodismo más responsable y exigente que el público libanés demanda.

Este es también un momento de transición clave para los donantes internacionales, así como para las organizaciones de apoyo a los medios, como la Fundación Samir Kassir, explicó Mhanna. El siguiente paso, dijo, es aprovechar la disponibilidad temporal de subsidios y donaciones para invertir en periodismo de investigación y de denuncia. "Cuando esas subvenciones se acaben, habremos creado un cuadro de periodistas equipados con las herramientas adecuadas".

Un éxodo de periodistas

El bienestar mental de los periodistas es también una preocupación recurrente. "La situación es mucho peor a la que puedas imaginarte", dijo Mhanna. "El apoyo no se acerca ni de lejos a lo que se necesita".

Los periodistas libaneses informan desde la primera línea de una crisis financiera que ha hundido en la pobreza al 70% de la población del país. Más allá de ser testigos de ello, también lo están viviendo. El resultado ha sido un éxodo, en el que algunos se trasladan a medios internacionales que pagan en moneda extranjera y otros abandonan el país. Para Ladki del Daily Star, la última víctima es el periodismo de calidad. "Si no podemos atraer staff y mejorar las condiciones de trabajo, la calidad de nuestros contenidos disminuirá y, con ello, el número de suscriptores".

Bahnam señaló que muchos ni siquiera se dan el lujo de reconocer el estado de su salud mental. "No sé si hemos reconocido que necesitamos ayuda", dijo. "Estamos sobrepasados de trabajo y no pensamos en nuestra salud mental. Pero necesitamos tiempo para tomarnos un respiro y decir que no estamos bien y que necesitamos ayuda".

Chahine, de MTV, quien ha trabajado como periodista durante más de 45 años, siente que no hay otra opción que seguir adelante. "Sigo yendo a trabajar como si ganara mi antiguo sueldo, porque tengo que hacerlo", dijo. "La gente se queda porque no tiene otra opción. No hay otra solución que seguir haciendo el trabajo".

A pesar de la desalentadora situación, algunos ven un rayo de esperanza en el futuro. "Los libaneses se enorgullecen de su resistencia", dijo Ibrahim. "Pero esta vez, la gente está diciendo basta con la resiliencia. Queremos una vida normal".


El Daily Star y el corresponsal de MTV Elias Chahine fueron algunos de los beneficiaros del fondo de emergencia ofrecido por el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) tras la explosión.

Foto de Charbel Karam en Unsplash.