Las nuevas revistas temáticas en Cuba: en busca de una prensa más atractiva

byEileen Sosin Martínez
Aug 17 in Miscellaneous

Desde que estudiaba Diseño, Robin Pedraja quería trabajar en una revista. “Y para eso lo mejor era hacerla desde cero”, cuenta. Así nació Vistar, en 2014, dedicada a la farándula y la cultura cubana. Un poco inspirados por este proyecto, otros grupos de jóvenes han lanzado sus propias publicaciones autogestionadas, también en formato PDF.

Quizás lo más llamativo de estos emprendimientos son su formas de circulación. Aunque muchos tienen sitios web y páginas en redes sociales, la mayoría están pensados para llegar a la gente a través del “paquete semanal”.

Se trata de una compilación de videos, películas, series, música, software y otros materiales que pueden alcanzar hasta un terabyte de información, y se distribuyen mediante discos duros y memorias flash. Ante las carencias de Internet en Cuba, esta ha sido la vía más directa para que el ciudadano común tenga acceso a las revistas.

Las nuevas publicaciones son hijas de la necesidad de una prensa más atractiva en Cuba. Basta observar las temáticas que abordan: fotografía, bodas, celebridades, restaurantes, moda y variedades; zonas poco o nada atendidas por los medios oficiales, y que ahora encuentran públicos ávidos de algo diferente.

“Nada de política”, enfatiza Robin. Ese constituye otro rasgo común de estos proyectos: evadir los asuntos peliagudos de la realidad nacional. Alejarse de lo mismo de siempre no solo es un interés editorial, sino también la manera de evitarse problemas y que los dejen existir en paz.

Porque hasta ahora, las más de 15 publicaciones cubanas que circulan en el Paquete han permanecido en un limbo legal. El artículo 53 de la Constitución de la República (1976) establece que los medios de comunicación no pueden ser, en ningún caso, objeto de propiedad privada. No obstante, el propio Estado incumple más de un acápite constitucional, además de que ya está en marcha una reforma de la Carta Magna.

El mecanismo para oficializar las revistas emergentes sería inscribirlas en el Registro de Publicaciones Seriadas. Sin embargo, para efectuar el trámite, necesitarían tener personalidad jurídica, lo cual resulta legalmente imposible. Buscando cierta seguridad, algunas publicaciones como Play-Off y Vistar han adquirido un código de ISSN a través de conocidos en terceros países.

Pero a pesar de todo, la relevancia pública de estas iniciativas continúa creciendo. En 2016 la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana dedicó una tesis de licenciatura para analizar el fenómeno.

El estudio de Amalia Ramos describe la gestión editorial de cuatro revistas, y concluye que su aparición representa un giro en el panorama mediático cubano: “Aun con las posibles deficiencias de las publicaciones, entendibles por ser las primeras que experimentan y prueban fórmulas nuevas, estas propuestas editoriales se erigen como una vanguardia en tanto significan invención, creatividad y voz plural de la ciudadanía”.

Resulta curioso cómo algunos lectores, al ver las revistas por primera vez, se preguntan si son hechas en Cuba. Un diseño atrevido, el despliegue fotográfico y el uso de publicidad contrastan más todavía con las tradicionales publicaciones blanquinegras.

Los referentes visuales de estas publicaciones parecen ser los grandes magazines del entretenimiento a nivel mundial. Pedraja confiesa que su revista de cabecera es Rolling Stone; mientras Garbos, especializada en moda, se asemeja a una especie de Cosmopolitan tropical.

Una pregunta gravita todo el tiempo: ¿cómo sostener económicamente un proyecto así? La respuesta ha sido la publicidad, en un contexto donde los pequeños negocios privados necesitan visibilizarse para poder competir. Podría decirse que estos nuevos medios son el acompañamiento comunicativo de sectores emergentes de la sociedad cubana actual.

Varias circunstancias confluyen a la hora del surgimiento de las revistas temáticas. Por un lado, existen numerosos jóvenes graduados de carreras afines, que buscan su realización profesional y además ganar algún dinero extra, pues la mayoría de ellos trabaja simultáneamente en entidades estatales.

El fenómeno se explica, a su vez, por el uso extendido de la tecnología. “A lo mejor hacer periodismo en los años 80 llevaba muchos artefactos, pero hoy no necesitamos ni siquiera una oficina”, afirma Paola Cabrera, editora.

La diversidad de publicaciones demuestra que hay aquí un universo en expansión: Amano trata temas de diseño y arquitectura; Alas Tensas se presenta como revista feminista; y Fragmentos de Isla es un boletín literario “para dialogar desde la Cuba profunda”.

Estas iniciativas editoriales conviven con emprendimientos periodísticos liderados también por jóvenes, como Posdata.ClubEl Estornudo y Periodismo de Barrio; junto a medios provenientes de otros países, como Progreso SemanalOnCuba y El Toque.

Se puede observar cierta continuidad con lo que algunos expertos llaman “tradición revistera cubana”. Desde la época colonial, la mayoría de los movimientos o grupos sociales, políticos y culturales, crearon sus propias revistas. Las de hoy, como aquellas, son expresión de un momento histórico, de una sociedad que ya no es la misma.

Imagen: recorte de portadas de algunas de las publicaciones, cortesía de Eileen Sosin Martínez.