El efecto perjudicial del periodismo de "las dos campanas" en Brasil

porRaphael Tsavkko Garcia
Nov 26, 2020 en Temas especializados
Two-colored brick wall

La proliferación del “periodismo de ambas partes” — la idea de que hay dos lados en cada tema que merecen igual atención y tiempo de emisión — ha ayudado a apuntalar discursos racistas, anti-científicos y anti-democráticos en Brasil.

Esta manera de concebir al periodismo ha gozado de buena salud en coberturas como la de las protestas de Black Lives Matter, que surgieron en varios puntos del mundo hace pocos meses. Y se ha convertido en una práctica habitual en dos importantes canales de noticias por cable de Brasil: CNN Brasil y Globonews, en particular.

CNN Brasil resucitó un programa estadounidense llamado Crossfire, que había sido criticado por poner a dos "campanas" de un tema controvertido a debatir entre sí. El programa brasileño contrata a expertos para enfrentarse a debatientes cuyas únicas credenciales son apoyar la administración de extrema derecha del presidente Jair Bolsonaro. Entre los temas tratados, Crossfire ha puesto en debate la validez del aislamiento social recomendado por la Organización Mundial de la Salud y el regreso de los partidos de fútbol durante la pandemia.

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En junio, CNN Brasil entrevistó a Eduardo Fauzi, un integralista brasileño, acerca de las protestas antifascistas y Black Lives Matter. Fauzi huyó a Rusia tras ser acusado de terrorismo por lanzar un cóctel Molotov en la sede del grupo de comedia Porta dos Fundos.

“Lo que hace CNN en Brasil es absurdo”, dice Cecília Oliveira, periodista de The Intercept Brasil. “No solo pone a debatir a personas sin la más mínima formación profesional, sino que incluso contrató como polemista a un miembro del movimiento Nas Ruas, [Tomé Abduch], que ha organizado manifestaciones antidemocráticas pidiendo el cierre de la Suprema Corte. Eso no significa aceptar opiniones divergentes; es ser antidemocrático”.

CNN Brasil también tiene al periodista William Waack, quien fue despedido como presentador principal de noticias en Globo Television Network por hacer comentarios racistas. Un entrevistado incluso cuestionó a Waack sobre su presencia continua en la cobertura de las protestas de CNN Brasil.

Fabiana Moraes, periodista y profesora de comunicación de la Universidad Federal de Pernambuco, comparte las mismas preocupaciones sobre la cobertura de CNN Brasil. "Esta idea de objetividad periodística coloca en el mismo nivel a un terraplanista o a un autoritario, como si representaran puntos de vista legítimos; como si con ellos se pudiera tener perspectivas equivalentes, democráticas y que puedan impulsar una conversación", dice.

CNN Brasil ha cubierto tanto las protestas antifascistas contra Bolsonaro como las protestas en apoyo al presidente sin resaltar suficientemente la naturaleza antidemocrática de estas últimas. Por ejemplo, los manifestantes pro Bolsonaro han pedido el cierre del Congreso e incluso un golpe militar. Al cubrir a ambos grupos de la misma manera, el medio da a entender que las luchas por la democracia y los derechos humanos tienen el mismo peso que los esfuerzos para promover el fascismo.

CNN Brasil también ha dado voz a opiniones no científicas sobre las medidas de seguridad para prevenir el COVID-19, como si estuvieran en pie de igualdad con las recomendaciones de organismos como la Organización Mundial de la Salud.

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“Divulgar opiniones no se puede hacer acríticamente, de lo contrario asumes un papel en el marketing de odio”, señala Leonardo Sakamoto, profesor de periodismo de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. "Aquellos que simplemente reproducen el discurso de odio de los entrevistados sin la debida consideración no están siendo 'técnicos' o 'neutrales', sino que se están convirtiendo en instrumentos de propagación ideológica de esos grupos".

La práctica del “periodismo de ambas partes” no se limita a la cobertura de CNN Brasil. Los reportajes de Globonews, por ejemplo, han intentado distinguir entre diferentes elementos de la administración Bolsonaro, como las políticas económicas impulsadas por el ministro de Economía, Paulo Guedes. Dado que la economía representa un aspecto crítico de cualquier gobierno, esto ha ayudado a legitimar a la administración antidemocrática en su conjunto. Es importante agregar el contexto necesario para los lectores y espectadores al realizar tales coberturas.

La cadena, así como los periódicos impresos Folha de São Paulo y O Globo, también han dado tiempo de transmisión a ex ayudantes de Bolsonaro, como el ex juez y ministro de Justicia Sérgio Moro, retratándolos como centristas. Los críticos han advertido que se trata de un esfuerzo para ayudar a impulsar la imagen de Moro para una posible candidatura a la presidencia en el futuro.

Ofrecer una cobertura igual de "ambos lados" de un tema crea una falsa equivalencia: que ambos lados son igualmente válidos, dice Leandro Demori, periodista y director ejecutivo de The Intercept Brasil. Aunque expertos coinciden en que el gobierno de Bolsonaro es fascista, permitir que los miembros de la administración tengan tiempo de aire para predicar sus puntos de vista es sumergirse de cabeza en el enfoque dañino del "las dos campanas". Como señaló Eric Alterman en un artículo para The Nation: cuando una de las partes es fascista, no tienes que publicarla ni darle publicidad.

“No todo puede decirse con impunidad”, dice. “El periodismo es un mediador de la sociedad y a través de esta idea insensata de la neutralidad, ponemos gente al aire defendiendo delitos como el cierre del Congreso y de la Corte Suprema”, explica Demori.

El enfoque de "ambas partes" se ha perpetuado efectivamente en la historia de los medios de comunicación brasileños con respecto del racismo. Tras la abolición de la esclavitud en Brasil a fines del siglo XIX, no era raro encontrar debates abiertamente racistas en los principales periódicos del país. “La prensa brasileña comenzó a establecerse en la segunda mitad del siglo XIX, expandiéndose a través del trabajo de los antiguos dueños de esclavos”, cuenta Moraes.

Lo que ocurre hoy en día es más elusivo, pero sigue siendo perjudicial. En un país mayoritariamente negro y de raza mixta, el legado de los antiguos propietarios de esclavos representa un grave problema. Además del periodismo, que no suele cubrir los problemas que afectan a las comunidades de color, esto hace que sus agendas y necesidades sean invisibilizadas y, al mismo tiempo, garantiza un amplio espacio para que el racismo se manifieste. Por no hablar de los negacionistas de la ciencia y aquellos que claramente se oponen también a la democracia.

“Por ejemplo, Provincia de São Paulo — hoy Estado de São Paulo —, era un periódico que tenía un discurso fuertemente racista basado incluso en el racismo científico”, cuenta Moraes. "Creo que gran parte de ese racismo fundado por la prensa de ese entonces se sostiene hoy de un modo más sutil, pero igualmente presente".


Raphael Tsavkko Garcia es un periodista freelance de Brasil.

Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash vía Marl Clevenger.