Cómo hacer correcciones en artículos ya publicados

porCristiana Bedei
Sep 17, 2019 en El ABC del periodista
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Publicar un error es la peor pesadilla de un periodista, y con razón. Los errores pueden erosionar la confianza en los medios, tener serias consecuencias en individuos y grupos, y socavar la principal misión del periodismo de brindar información veraz. Aun así, errar es humano, especialmente en las salas de redacción que trabajan a ritmo acelerado. Y publicar correcciones apropiadas puede controlar los daños.

Hay distintos tipos de errores, como los tipográficos, las citas erróneas, redacciones engañosas, declaraciones difamatorias, omisiones o hechos incorrectos. En 2012, un periódico de la City University of London reveló que en los Estados Unidos entre el 40% y el 60% de los artículos publicados en los últimos 70 años contienen errores de algún tipo.

A pesar de la falta de estándares universales claros, la mayoría de los medios más importantes ahora tienen políticas de corrección de errores. Es cada vez más común, especialmente online, ver que los errores se rectifican y se informan en las redes sociales o a través de una dirección especial de correo electrónico o sección del sitio web.

Algunos de los casos más controvertidos de los últimos meses incluyen lo que Poynter llamó "la madre de todas las correcciones": 579 palabras para corregir 15 errores o inexactitudes en un artículo del Washington Post que se publicó en julio. Otro ejemplo fue el cambio de un titular de primera plana del New York Times después de recibir numerosas críticas de lectores, periodistas y funcionarios.

Sería genial evitar los errores por completo, pero es imposible. Por lo tanto, es el deber de periodistas y editores pensar en la mejor manera de promover la responsabilidad y la transparencia al hacer correcciones.

A continuación, algunas estrategias y experiencias para manejar errores y hacer buenas correcciones.

Desarrolla un protocolo

Laura Helmuth es editora de salud y ciencia del Washington Post, y explica la política de corrección del periódico: "Tenemos un sistema para que los lectores nos señalen errores, y ese sistema genera un informe que se envía al editor del artículo, quien es responsable para averiguar si realmente hay un error".

Si lo hubo, el periodista genera una solicitud de corrección que pasa por varios niveles de aprobación y luego se publica. "Marcamos las correcciones en el artículo en línea y publicamos un recuadro con correcciones en el periódico impreso”, explica.

Helmuth no ha tenido que lidiar con ningún error importante en los últimos años, pero no ha podido evitar "un nombre mal escrito, un animal mal identificado, o un error direccional del fotógrafo o editor de fotos".

Investiga y discute

Jem Collins, fundador y editor de Journo Resources, ha participado en la edición de artículos después de su publicación, como periodista y editor. Su primer consejo es no entrar en pánico porque hay varias alternativas para rectificar algo de manera responsable, especialmente online.

Después de pasar mucho tiempo elaborando una política de reclamos, los divide en dos escenarios diferentes. Uno refiere a pequeños errores que pueden cambiarse sin mucho debate.

El otro corresponde a un reclamo que cuestiona la cobertura periodística en sí. "Ahí es cuando todos nos sentamos y lo discutimos en equipo: el autor, el editor y cualquier otra persona de la redacción que pueda tener una buena idea", dice.

En este caso, el equipo revisa el artículo paso a paso, observando las evidencias: fuentes utilizadas, transcripciones de entrevistas y más. Por esa razón, es imperativo que los reporteros mantengan registros completos de sus fuentes: archivos de audio, notas, lugar del que provienen sus datos, etc.

"La última vez que tuvimos un reclamo fue en un artículo extenso”, recuerda Collins. "Finalmente decidimos el artículo estaba bien, así que nos aseguramos de responder a quien había presentado una queja con nuestro razonamiento completo".

Si las correcciones hubieran sido necesarias, las habrían señalizado, explica, o incluso hubieran publicado la corrección como una historia independiente. En cualquier caso, todos los involucrados en el trabajo editorial del artículo serían informados, por lo que el error no se publicaría en las redes sociales.

Si un lector le pide a un freelancer que cambie algo, Collins sugiere que sea breve al avisarle al editor: "No envíes un correo de inmediato y en pánico. Tómate un tiempo para digerir el reclamo y pensar en la corrección así no le pides al editor que haga cambios múltiples. Un correo electrónico corto con un 'lo siento, me equivoqué en algo' es mucho mejor".

Discúlpate y prioriza combatir la desinformación

En febrero pasado, Bud Kennedy, columnista de Fort Worth Star-Telegram, criticó al vicegobernador republicano de Texas, basándose en información incorrecta que había sido publicada por otro periódico. Cuando descubrió el error, se eliminó la publicación original y Kennedy escribió una columna disculpándose y pidió a los lectores que lo ayudaran a compartirla.

“Es algo que hubiera hecho en cualquier punto de mi carrera como columnista. Cuando te equivocas, le das una explicación a los lectores y te disculpas”, dice, señalando que le sale de manera instintiva: es una parte natural de la relación entre él y el público.

"Tengo que conservar la confianza de los lectores", agrega. "Cuando me equivoco, tengo que decirlo".

Una vez que se publicó la nueva columna, el equipo de audiencia del Star-Telegram sugirió enviar una copia directamente a todos los que compartieron o retuitearon la columna original, explica Kennedy. Fue un movimiento audaz, pero con un gran potencial en la era digital.

Dan Gillmor, del Nieman Lab, describió la decisión como "el catalizador de un experimento de transparencia periodística que creemos que tiene un enorme potencial: efectuar las correcciones recorriendo el mismo camino que tomó en las redes sociales el error original”.


Cristiana Bedei es periodista freelance. Escribe sobre género, sexualidad, derechos de las mujeres, imagen corporal, salud mental y más.

Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Sarah Kilian