¿Cuándo "despublicar"? Un estudio examina prácticas de remoción de contenido

porChristine Schmidt
Sep 19, 2019 en Periodismo digital
Anonymous

Internet no dura para siempre, ni para todos.

Los medios de comunicación son notoriamente malos a la hora de resguardar su trabajo. Y conservar las piezas periodísticas en las que vertiste sangre, sudor y lágrimas es crucial para tener un impacto duradero. Pero un estudio realizado a principios de este año reveló que 19 medios de un total de 21 no tomaban medidas para guardar y archivar sus contenidos online (guardarlo en un Google Doc o Github no cuenta). Como escribí entonces: "Para un campo laboral al que le gusta considerarse como autor del primer borrador de la historia, no priorizar el resguardo de esa historia en el futuro es preocupante".

Pero otra cuestión igualmente importante es la “despublicación”: cuando un medio elige eliminar contenidos subidos a Internet, generalmente a pedido de una persona mencionada en la historia y a menudo relacionada con un delito. Existe el argumento de que una publicación sobre menores de edad que cometieron una ofensa pequeña les traerá problemas para postular a la universidad o a un empleo, pero también está la cuestión de borrar ese primer borrador de la historia. La verdad es que no sabemos quién estará perdiéndose de esa información en cualquier contexto en el futuro.

Hay un área bastante gris entre esos dos puntos, y Deborah Dwyer ha pasado los últimos años analizándola. Es candidata a doctorado en UNC Chapel Hill y está escribiendo su disertación sobre la ética y la practicidad de la despublicación. A partir del estudio de 2009 de Kathy English sobre el mismo tema, Dwyer hizo una docena de entrevistas cualitativas y una encuesta a más de 100 líderes de medios en 2017, y dio con el mismo resultado: muy pocos medios de comunicación tienen una política estricta o estándares generales. Muy pocos saben lo que están haciendo realmente al eliminar una publicación.

“Sabemos cómo se manejan las correcciones: hay una política para eso. Lo que no necesariamente comunican es cómo manejan la despublicación y quitar un artículo de la vista pública", dice Dwyer.

 Ella define la despublicación como:

El acto de eliminar contenido factual que se ha publicado previamente online en respuesta a una solicitud externa impulsada por motivaciones personales como la vergüenza o preocupaciones relacionadas con la privacidad.

A continuación algunos de sus hallazgos:

  • El 80% de los medios de comunicación encuestados tenían políticas de despublicación, pero casi la mitad de ellas no estaban por escrito y solo el 2% se compartió más allá de la redacción.
  • Incluso dentro de la redacción, la política no era clara: el 14% incluía las pautas de despublicación en un manual para el staff; un tercio dijo que se enteró informalmente de ellas en el trabajo, y el 40% dijo que se enteró que existían solo cuando surgió un problema.
  • ¿Quién tiene la última palabra? Por lo general, es el editor en jefe y/o el editor general, pero no son ellos quienes finalmente controlan el sitio web. Sí el equipo tecnológico: el 64% de los encuestados dijo que el área era capaz de eliminar contenido de forma autónoma (el 18% ni siquiera estaba seguro de si el equipo podía o no hacerlo). Aproximadamente un tercio dijo que no estaba seguro de si su departamento de tecnología sabía que tenían una política respecto de la remoción de contenido.
  • Cuando se elimina el contenido, no está claro dónde queda exactamente. Menos del 5% de los encuestados dijeron que mantenían un sistema para rastrear las solicitudes y el proceso de toma de decisiones para despublicar. El 48% dijo que no contaban con un sistema o ni siquiera conservaban los correos electrónicos que piden una despublicación.
  • Las tres cuartas partes de las solicitudes de remoción de contenido estaban relacionadas con delitos.
  • La mitad de las redacciones que despublican artículos notifican a los lectores sobre la eliminación, y algunos escriben un seguimiento, especialmente si se trata de un caso judicial. Pero alrededor de un cuarto elimina el contenido en cuestión sin notificación alguna al lector. Algunos también tienen ciertos tipos de artículos que se despublicarán automáticamente después de unos años.
  • Como anécdota, Dwyer descubrió que algunas redacciones piden a quienes solicitan remociones que brinden documentación sobre la decisión que los lleva a querer que se elimine contenido, generalmente documentos legales, pero otros hacen el trabajo ellos mismos o le piden a un periodista que investigue. Dos casos involucraban a personas en riesgo de suicidio relacionado con el contenido que querían fuera de la vista pública, y una de las redacciones solicitó certificación de un terapeuta para probarlo.

Algunas redacciones, en un intento de ser más empáticas, han optado por no cubrir la delincuencia menor ni publicar fotos policiales. Si no publicas información sobre delitos menores en primer lugar, no tendrás que despublicarla más tarde. Pero también han formado sistemas para evaluar su cobertura de manera retroactiva.

"Comenzamos esto en julio: si se te acusara de un delito menor (dejamos fuera los delitos violentos) y acudieras al juez y usaras el sistema que pagamos todos los contribuyentes para cerrar tus antecedentes, sacaríamos tu nombre del artículo. Tendrías que proporcionar la prueba de que has estado ante el juez, porque una vez que tus antecedentes están cerrados, no podemos ver la orden de cierre”, señaló Chris Quinn de Cleveland.com/Advance Ohio a Nieman Lab el año pasado. "Realmente todo se reduce a la pregunta de cuánto tiempo tiene que pagar alguien por un error.

¿Qué tanto se olvida lo que es olvidado? ¿Quién llega a ser olvidado? ¿Cómo manejan la despublicación distintos medios?

 “Esto no es un problema tecnológico. Este es un problema de la sociedad que debemos responder reflexionando acerca de qué tan dispuestos estamos a poner el pasado de la gente en contexto y permitir que las personas cambien", dice Dwyer, quien señala que las situaciones estudiadas de remoción de contenidos han involucrado hasta el momento solamente a individuos. Cuando las empresas o los gobiernos comiencen a solicitar despublicaciones, será una historia diferente. Y la situación también se complejiza en países con leyes de derecho al olvido.

Después de estudiar el tema durante los últimos años, Dwyer ahora es una conversa creyente en la despublicación. Pero también advierte que las personas que toman esas decisiones necesitan comprender la tecnología involucrada en la remoción y también deben ser transparentes con los lectores y el staff, que podría algún día llegar a preguntarse adónde fue a parar un artículo.


Este artículo fue publicado originalmente en Nieman Lab y es reproducido en IJNet con permiso.

Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Celal Erdogdu