Los temas y formatos que se eligen para desinformar sobre el COVID-19

porJulie Posetti and Kalina Bontcheva
Apr 27, 2020 en Cobertura del coronavirus
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El COVID-19 ha dado lugar a una avalancha de información errónea y desinformación potencialmente dañina y hasta mortal que afecta directamente las vidas y los medios de subsistencia en todo el mundo. El secretario general de la ONU, Antonio Gutteres, ha descripto la situación como un "veneno" y como el otro nuevo "enemigo" de la humanidad.

Como parte de la respuesta de Naciones Unidas a la crisis, se nos encargó la elaboración de dos informes que fueron publicados el 23 de abril por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), con el apoyo del Centro Internacional para periodistas, ICFJ. El objetivo es ayudar a Naciones Unidas, gobiernos, periodistas, a la sociedad civil y a empresas de Internet a responder a la crisis, y garantizar que el derecho a la libertad de expresión no se vea socavado en el proceso. La investigación destaca el papel fundamental del periodismo en esta lucha.

 

Disinfodemic

¿Qué es la desinfodemia?

El término que hemos adoptado para describir las falsedades que circulan durante pandemia es desinfodemia, debido a la enorme carga viral de desinformación potencialmente mortal en circulación. La desinfodemia suele esconder falsedades en medio de información verdadera, y se oculta en formatos que son familiares para el público. Recurre a métodos de distribución bien conocidos que van desde memes falsos o engañosos y fuentes falsas, hasta instar a las personas a que hagan clic en enlaces relacionados con prácticas de phishing. Este tipo de desinformación puede ser compartida por individuos, grupos organizados, medios de comunicación y canales oficiales, a sabiendas o no.

Para ayudar a sortear esta crisis, identificamos y analizamos 10 categorías de respuesta a la desinfodemia, e hicimos una serie de recomendaciones para la acción, que publicaremos en la segunda parte de esta serie. Pero para comenzar, mapeamos nueve temas clave y cuatro tipos de formatos principales asociados con la actual desinfodemia. Puedes leerlos a continuación.

[Lee más: No solo desacredites. Cuatro consejos para navegar por la infodemia del COVID-19]

Los temas favoritos de la desinfodemia

(1) Orígenes y propagación del coronavirus/COVID-19

Si bien los científicos identificaron por primera vez los casos del nuevo coronavirus en un mercado de animales de la ciudad china de Wuhan, hay numerosas teorías conspirativas que responsabilizan a otros actores y causas. Estas van desde culpar a las redes 5G a los fabricantes de armas químicas. Además la utilización de etiquetas como "virus chino" en lugar de terminología neutral, configura la ubicación en un adjetivo, haciéndose eco de pandemias pasadas que dieron un sentido sesgado y parcial a un sustantivo.

(2) Ciencia médica: síntomas, diagnóstico y tratamiento

Aquí se incluye información peligrosa sobre inmunidad, prevención, tratamientoscuras. Por ejemplo, una gran cantidad de memes afirman que beber o hacer gárgaras con orina de vaca, agua caliente o agua salada podría evitar que la infección llegue a los pulmones. No es así.

(3) Estadísticas falsas o engañosas

En nuestra investigación, vimos datos tergiversados y distorsionados en relación a la incidencia oficial de la enfermedad y las tasas de mortalidad.

(4) Impactos en la sociedad y el medio ambiente

Este tipo de desinformación abarca desde personas en pánico haciendo compras e información falsa sobre la cuarentena, hasta la supuesta reaparición de delfines en los canales de Venecia.

(5) El impacto económico

Este tema incluye difundir información falsa sobre los impactos económicos y sobre la salud de la pandemia, sugerencias acerca de que el aislamiento social no se justifica económicamente e incluso afirmaciones de que el COVID-19 está creando empleos.

[Lee más: Seis recomendaciones para combatir la desinformación relacionada con el coronavirus]

(6) Politización

La información unilateral y enmarcada de manera positiva es presentada en un esfuerzo por negar la importancia de hechos inconvenientes para ciertos actores en el poder. Otra desinformación diseñada para ganar rédito político incluye equiparar al COVID-19 con la gripe común, hacer afirmaciones infundadas sobre la duración de la pandemia y sobre la falta de disponibilidad de pruebas y equipos médicos.

(7) Desacreditar a periodistas y a medios creíbles

Se trata generalmente de acusaciones sin respaldo hechas por sectores políticos hacia ciertos medios de comunicación. Esto incluye abusos dirigidos públicamente a periodistas, pero también es utilizado en campañas de desinformación menos visibles para socavar la confianza en las noticias verificadas. Los ataques contra periodistas en la época del COVID-19 tienen el objetivo de acallar las coberturas críticas hacia actores políticos y estados.

(8) Contenido fraudulento

Esto incluye engaños diseñados para robar datos privados.

(9) Desinformación relacionada con las celebridades

Incluye información falsa sobre actores con supuestos diagnósticos de COVID-19.

Los cuatro formatos principales en los que se mueve la desinformación

La desinformación sobre el COVID-19 ha aprovechado una amplia variedad de formatos para difundirse. Muchos han sido perfeccionados en el contexto de campañas contra la vacunación y desinformación política. Con frecuencia, estos formatos contrabandean información apelando a la conciencia de las personas: sus creencias en lugar de la razón y sus sentimientos en lugar de la deducción. Apelan a los prejuicios, la polarización y las políticas de identidad, así como en la credulidad, el cinismo y la necesidad interna de los individuos para darle sentido a estos tiempos de gran complejidad y cambio.

La contaminación informativa generalmente se propaga a través de textos, imágenes, videos, memes y sonidos.

(1) Construcciones narrativas emotivas y memes

Si bien estos formatos suelen incluir elementos de verdad, se mezclan con un fuerte lenguaje emocional, mentiras y/o información incompleta y opiniones personales. Estos formatos son particularmente difíciles de descubrir en aplicaciones de mensajería cerradas.

(2) Imágenes y videos alterados, inventados o descontextualizados

Estos se utilizan para generar confusión y desconfianza generalizadas y/o para provocar emociones fuertes a través de memes virales o historias falsas.

(3) Infiltradores de desinformación y campañas orquestadas

Tienen como objetivo sembrar discordia en las comunidades en línea, fortalecer agendas nacionalistas y geopolíticas, recopilar datos de salud personales y phishing, o ganar dinero del spam y de anuncios de curas falsas. Estos formatos también pueden incluir el trabajo de de bots y trolls en campañas de desinformación organizadas.

(4) Falsos sitios web y falsas personalidades autorizadas

Incluyen fuentes falsas, datos contaminados y sitios web falsos de gobiernos o empresas, así como otros sitios que publican información aparentemente plausible en el género noticioso (por ejemplo, informes sobre casos falsos de COVID-19).

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Estos son los principales temas y tipos de formatos de desinformación respecto del COVID-19 que identificamos en nuestra investigación. En la segunda parte de esta serie, identificaremos diez tipos de respuestas a la desinformación que está emergiendo a nivel internacional, y las analizaremos respecto de los desafíos que suponen para la libertad de expresión. También daremos una serie de recomendaciones destacando el papel crucial del periodismo en la lucha por defender la verdad.


Julie Posetti es Directora de Investigación Global de ICFJ. También es investigadora principal afiliada al Centro para la Libertad de los Medios de Comunicación de la Universidad de Sheffield (CFOM) y la Universidad de Oxford.

Kalina Bontcheva es profesora de Ciencias de la computación en la Universidad de Sheffield y miembro de CFOM.

Los siguientes colaboradores contribuyeron al desarrollo de esta investigación: Denis Teyssou (AFP), Clara Hanot (Laboratorio de Información de la UE), Trisha Meyer (Vrije Universiteit Brussel), Sam Gregory (Witness) y Diana Maynard (Universidad de Sheffield). El conjunto de datos en el que se basa la investigación consta de una muestra de más de 200 artículos, comunicados de políticas e informes de investigación. Buscamos sistemáticamente en bases de datos públicas seleccionadas por la International Fact Checking Network (IFCN) de Poynter, Index on Censorship, International Press Institute (IPI) y First Draft News, junto con sitios web de medios de comunicación, gobiernos nacionales, organizaciones intergubernamentales, de atención médica y profesionales, ONG, think tanks y publicaciones académicas.