El debate sobre el acceso universal a vacunas: entre la falta de cooperación y la suspensión de patentes

por Mathías Da Silva
Jun 3, 2021 en Cobertura del coronavirus
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En alianza con nuestra organización matriz, el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ), IJNet conecta a periodistas con expertos en salud y redacciones internacionales a través de una serie de seminarios web sobre COVID-19 como parte del Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud.

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El apoyo público a principios de mayo del presidente estadounidense Joe Bidden a la idea de liberar las patentes de las vacunas contra el coronavirus, en busca de más producción y una cobertura que alcance a todos los países, consolidó a nivel global un debate en torno al tema. Las opiniones se reparten entre quienes entienden que esto no cambiará la situación, porque los problemas que hay son de distribución y falta de cooperación, y quienes creen que suspender la propiedad intelectual de las vacunas constituye un paso clave para frenar el avance del virus en el mundo.

Estas visiones y sus argumentos quedaron plasmadas en un seminario web del Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud que organiza IJNet y el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ). Participaron Miguel Ángel Rapela (Argentina), director académico de la Maestría en Propiedad Intelectual (PI) de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral; Lucas Lehtinen (Argentina), director ejecutivo de la Maestría en PI del Centro de Propiedad Intelectual de la misma institución; la gerente general CEO del Consorcio en Biomedicina Clínico Molecular, Rebeca Ibacache (Chile); y el coordinador de la campaña de acceso a medicamentos de Médicos Sin Frontera para América Latina, Felipe Carvalho (Brasil).

Rapela inició el debate hablando sobre el contexto: “Todos estamos asustados y preocupados por el virus, pero este es uno de los fenómenos más extraordinarios de invención e innovación de la historia de la humanidad. Hace 18 meses nos enteramos de la enfermedad, hace 14 meses la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia, hace cinco meses de la primera vacuna y el 27 de abril se produjo la vacuna mil millones en el mundo”. A su entender, “la propiedad intelectual no ha sido un problema, sino la solución al problema”.

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La cooperación es la solución

Los dos investigadores argentinos remarcaron el trabajo científico que hay detrás de las vacunas. Por ejemplo, la desarrollada por Pfizer tiene 250 componentes distintos que provienen de 25 países, y en muchos casos hay acuerdos entre empresas privadas, universidades y centros de investigación.

Rapela explicó que hay 100 vacunas en fase clínica, más varias en estudios previos, incluso algunas “hechas en vegetales, una tecnología nueva que no existe en la faz comercial”. Acerca de las patentes, explicó que solo en la Unión Europea hay ya 556 solicitudes en trámite por vacunas contra el COVID-19, pero ninguna aún concedida. “El trámite dura mucho tiempo”, sostuvo, y mencionó que esto es aún “más complejo” en Latinoamérica, porque “cada país maneja diferente” el tema.

Para Lehtinen, “la conclusión es que en lo inmediato no va a tener ningún efecto la liberación o suspensión de las patentes”. Realizó un repaso histórico que, sostuvo, demuestra que en otras situaciones de magnitud similar al coronavirus, donde se exigió respuestas médicas y científicas en forma veloz, “ninguno de los acuerdos” para liberar vacunas o medicamentos tuvieron “efectos duraderos”.

Por su parte, Ibacache dijo que la idea de liberar las patentes de vacunas “más que desincentivar” a quienes investigan, “crea una incertidumbre muy fuerte” en la comunidad científica y el sector privado. Opinó que sería más positivo pensar “políticas públicas de colaboración entre todas las partes”, incluyendo a los Estados más poderosos, para avanzar en el desarrollo y fabricación de vacunas.

La experta chilena repasó que la producción de una vacuna implica “una gran cadena de valor, que va desde los científicos a las grandes empresas”, porque se requiere de conocimiento y una fuerte inversión para desarrollar la infraestructura necesaria. “Solos no podremos, hay que buscar alianzas, cooperar”, resaltó. A modo de ejemplo, repasó que en Chile se trabajó conjuntamente por parte de universidades e investigadores, que recibieron un apoyo gubernamental y tienen a farmacéuticas de socias.

En igual sentido se pronunció Lehtinen: “La solución es la cooperación a través de la transferencia de tecnología. La Universidad de Oxford (Inglaterra) construyó una red y modificó su sistema tradicional” de acuerdo con privados, ya que para el caso de la vacuna del COVID-19 “impuso la condición de no asumir ganancias y trabajar al costo”, relató.

“Las capacidades industriales, humanas, el contexto histórico y los desarrollos, nos dicen que liberar las patentes no es la solución. Hay declaraciones rimbombantes, se ofrecen gestos humanitarios, pero el mensaje debe ser cooperar, ser solidarios de forma inteligente. No ir contra derechos consagrados ni la propiedad intelectual, sino sumar cooperación”, concluyó Lehtinen.

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Poner los derechos a la salud por encima

Una visión distinta a los otros tres expositores presentó Carvalho de Médicos Sin Fronteras. Dijo que no impulsar una liberación de las patentes produce “riesgos”, como mantener el actual “ritmo lento de vacunación” en el mundo y con “perspectivas alarmantes” en América Latina. “Cuanto más demoremos para llegar a una situación de vacunación universal, más son los riesgos por las nuevas variantes” y mutaciones del virus, complementó.

El especialista brasileño señaló que “existe capacidad de producción” de más vacunas en varias partes del mundo, pero la propiedad intelectual es “una barrera” aunque las patentes no están aprobadas sino en trámite. “Esto dificulta mucho la colaboración” que solicitaban los otros expositores, añadió.

Esa complementación “para que países sin la capacidad técnica” de producir vacunas las obtengan, sería “más simple con las patentes en suspenso”, algo que Carvalho marcó ya han reconocido varias empresas privadas y el gobierno de Estados Unidos, “sede de las principales farmacéuticas del mundo”.

“Ser solidarios significa para nosotros poner los derechos de salud por encima de otros. En una situación específica de pandemia, los monopolios [en la industria farmacéutica] no tienen sentido, porque crean una producción reducida y a precios altos. Remover el monopolio creará más incentivos para la ampliación de la producción de vacunas y la reducción de precios”, aseguró el representante de Médicos Sin Fronteras.

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Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Hakan Nural.