Datos y dilemas a tener en cuenta cuando informamos sobre las vacunas

por Agustín Herrero
Jun 6, 2021 en Cobertura del coronavirus
sss

El presente artículo corresponde a nuestra serie sobre el coronavirus. Entra aquí para leer más.

Informar siempre conlleva responsabilidad. El periodismo demanda rigurosidad porque ante cada noticia puede haber una vida o una familia afectada. Pero en tiempos de pandemia esa exigencia de ser lo más exactos y precisos es mucho mayor. La salud de todo un país está en juego.

Desde que el coronavirus llegó a nuestras realidades y contextos, el periodismo fue sumando lecciones sobre cómo tratar el tema, qué contar y qué no. Ante una situación completamente extraña, el “mejor oficio del mundo” tuvo el desafío de adaptarse rápidamente a hacer noticias desde el caos y la desesperanza. A delinear los límites de la información personal pero también a seguir molestando a quiénes prefieren ocultar toda la verdad.

Ahora, con la llegada de la vacunación masiva en decenas de países en todo el planeta, se presentan nuevas disyuntivas a la hora de contar historias y hacer periodismo de forma rigurosa. Una nueva situación demanda nuevos desafíos y aprendizajes. Y la responsabilidad, ahora, parece mucho mayor.

A continuación, el desarrollo de tres grandes dilemas que tienen los periodistas que cubren salud en estos días y cómo lo están resolviendo.

1. Informar sobre las primeras dosis, ¿tiene sentido?

Pocos países en el mundo pueden jactarse por estas fechas de que tienen una gran cantidad de vacunados “completos”. Es decir, personas que ya fueron inoculadas con las dos dosis de la vacuna. Los números más altos están dentro del grupo de los que solo se dieron la primera dosis.

Al comienzo, cuando la vacuna era una novedad, era normal que las primeras inyecciones y los números de vacunados con primeras dosis aparecieran en todas las portadas. Pero, al avanzar el proceso de vacunación en todo el mundo, ¿tiene sentido seguir informando de las primeras dosis que tiene un país?

Rocío Latorre, periodista de Salud del diario chileno La Tercera, cree que sí. “El número de primeras dosis da un parámetro para dar cuenta cómo va el ritmo de la vacunación, que actualmente en Chile es por rango etario. Para poder llevar el pulso de esto último sí tiene sentido informarlo”, aseguró en diálogo con IJNet.

Sin embargo, aclaró el riesgo que se corre al hacerlo: “En ningún caso (el número de vacunados con primeras dosis) se debe interpretar como población protegida. A menos que se trate de la recién llegada vacuna de Cansino, donde el esquema es de monodosis”, explicó.

[Lee más: El debate sobre el acceso universal a las vacunas: entre la falta de cooperación y la suspensión de patentes]

2. Contagiados, internados y muertos con dosis completas: el riesgo de terminar desinformando

Un diario del interior de Uruguay puso el siguiente título de portada en una edición de unas semanas atrás: “Hay 13 personas con covid internadas en CTI que tienen las dos dosis de la vacuna”. El subtítulo indicaba que esa información había sido proporcionada por la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva (SUMI) y que, en cambio, el gobierno nacional aseguraba que la internación en CTI baja un 95% con la vacuna china de Sinovac y un 99% con la de Pfizer.

La portada generaba una falsa contradicción. Aunque todos los datos eran correctos, la forma de presentarlos generó cierta desinformación. El lector, con una sola lectura del titular y el subtítulo, habría entendido que los médicos estaban diciendo una cosa y el gobierno otra. Parecía entonces que había muchos más internados con las dos dosis de la vacuna de lo que se esperaba. Pero nada más lejos de la realidad.

En ese día de la portada, en Uruguay habían 565 internados con covid-19 en cuidados intensivos y solo 13 tenían las dos dosis de la vacuna. Es decir, apenas el 2,3%. Además de que ese dato frío desconocía las complicaciones de salud previas de esos 13 internados. Y el ínfimo número que es ese 13 en la masa de un millón de vacunados con dos dosis que tiene Uruguay.

Más allá de este tipo de casos, Darío Klein, doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y periodista con vasta experiencia en medios internacionales, cree que sí hay que informar sobre contagiados, internados o muertos por covid-19 a pesar de tener las dos dosis de la vacuna.

“La información es información. Lo que la gente o las instituciones hagan con la información no es nuestro problema. Lo contrario sería ir a la autocensura por un supuesto bien mayor: la patria”, sostuvo.

“Muchas veces se ha usado ese argumento falaz contra el periodismo de investigación. Considero que más información nunca es malo, siempre que sea información de calidad y no de sensaciones”, agregó.

Para la periodista chilena Consuelo Ferrer, del portal chileno Emol, si se realiza una nota cada vez que muere alguien con las dos dosis queda la “sensación proporcional de que muere muchísima gente”. Por lo tanto, cree que lo más adecuado es incluir el dato en una “nota contextualizada” y “siempre aclarando que no es un dato representativo de toda la población”.

[Lee más: Guía para comprender cómo funcionan las vacunas contra el COVID-19]

3. Los informes sobre efectividad de las vacunas y la necesidad de contextualizar

El pasado jueves 27 de mayo el gobierno uruguayo publicó un informe sobre la efectividad de las vacunas en la protección de la población que ha sido inoculada hasta el momento en el país. Entre otros datos, presentó unos números llamativos: la reducción de la mortalidad fue mayor entre los que se aplicaron Sinovac (97%) que aquellos que lo hicieron con Pfizer (80%), una vacuna que se supone que es más efectiva.

El error en el que cayeron varios periodistas fue citar ese dato aislado. Un medio llegó a colocar esos datos en el título, sin ninguna explicación en la bajada. Y aunque los números son correctos, la falta de contextualización hizo que mucha gente terminara recibiendo una información equivocada.

¿Por qué es fundamental el contexto en esta noticia? Porque ese 80% tiene explicación. En Uruguay, la vacuna de Pfizer (justamente por su alta efectividad) se ha destinado para los ancianos y el personal de salud. Es decir, para aquellos que están más expuestos al virus y los más propensos a morir a causa de la enfermedad (los mayores de 70 años). La Sinovac, en cambio, se destina al resto de la población: la mayoría con menores probabilidades de fallecer a causa del coronavirus.

Como lo explicó el periodista del diario El Observador de Uruguay, Martín Tocar, a través de su cuenta de Twitter: “Es muy importante subrayar que son resultados preliminares no ajustados ni por edad ni comorbilidades ni exposición al virus. La Coronavac (la vacuna de Sinovac) la recibe un universo más amplio y, al menos en los números generales, de menor riesgo”.

Al informar los datos crudos sin tener este tipo de contextualizaciones y explicaciones en cuenta, se corre el peligro de desinformar.


Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Steven Cornfield.