Qué hay que tener en cuenta para cubrir los ensayos clínicos de las vacunas

por Andrés Colmán Gutiérrez
May 5, 2021 en Cobertura del coronavirus
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En alianza con nuestra organización matriz, el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ), IJNet conecta a periodistas con expertos en salud y redacciones internacionales a través de una serie de seminarios web sobre COVID-19 como parte del Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud.

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Desde que se empezó a hablar de la aplicación de vacunas contra la COVID-19 como una de las principales opciones para superar la crisis de la pandemia, muchos reportes periodísticos refieren a los ensayos clínicos. La complejidad técnica exige conocer de primera mano algunas recomendaciones para comunicar mejor.

“Nunca antes los ensayos clínicos habían estado en primera plana todos los días, es natural que los periodistas requieran de un aprendizaje para cubrir estos temas, que son muy técnicos y muy rigurosos, porque hemos detectado importantes errores que se cometen a la hora de informar”, destacó Carol Perelman, química farmacéutica, bióloga y divulgadora de Ciencia. Ella, junto a Thalía García Téllez, química farmacobióloga y doctora en Enfermedades Infecciosas por la Universidad Paris-Diderot de Francia, participaron del seminario web “Lo que hay que entender sobre ensayos clínicos”, del Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud.

García Téllez explicó que los ensayos clínicos son “un tipo de investigación científica que se hace para identificar la seguridad y eficacidad de tratamientos, vacunas, estrategias preventivas, dispositivos médicos o intervenciones y procesos médicos que tengan como objetivo ser aplicados o administrados en una población humana”.

Los ensayos pasan por cuatro fases. Para ser probada la eficacia de una vacuna o un medicamento, primero hay una fase de laboratorio o pre-clínica. “Generalmente se publican estos resultados y solamente cuando parecen ser alentadores y son validados por la comunidad científica, pasan a la investigación clínica”, indicó.

La fase 1 de un ensayo clínico tiene el objetivo de evaluar la seguridad, para ver si cuando se administra este elemento al ser humano, hay reacciones que no habían sido previstas. Las fases 2 y 3 son de seguimiento y pruebas del ensayo, y la fase 4 comprende el control de la aplicación. Las fases duran normalmente cerca de tres años a cuatro años, pero en el caso de las vacunas para la COVID-19 se han debido reducir los tiempos de investigación debido a la emergencia.

“Ninguna vacuna está aprobada para su comercialización, pero las autoridades de salud otorgan una autorización de urgencia, debido a la necesidad que vivimos actualmente. Esa autorización es temporal”, explicó García Téllez.

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¿Qué tener en cuenta?

“Es fundamental poner siempre en contexto lo que estamos comunicando, con el objetivo de dar confianza a las personas sobre la utilidad de las vacunas”, indicó Perelman, quien resumió los puntos a considerar para informar sobre los ensayos clínicos.

“Las personas no siempre tienen acceso, tiempo y recursos para verificar y entender lo que está sucediendo. Los reporteros tienen una responsabilidad enorme, porque muchas personas se quedan solo con el encabezado de una noticia. Es fundamental que confíen en las vacunas, porque es la salida de la pandemia. Las vacunas no son perfectas, son parte de procesos largos y están en escrutinio en forma pública, pero nuestra labor es dar el contexto para generar confianza”, enfatizó.

Usar un lenguaje adecuado al comunicar sobre ensayos clínicos es otra de sus recomendaciones. “No hablar de certezas cuando los mismos científicos no lo hacemos. Hablamos de posibilidades, de ‘quizás’, de ‘posiblemente’, de ‘al parecer’. Hay un encuentro muy fuerte entre el periodista que busca certezas y el científico que vive en incertidumbre. Hay que entender que no todas las fases arrojan todas las respuestas, que un ensayo en fase 1 es seguridad, pero no es todavía eficacia. No se deben confundir las fases, porque cada una tiene otro objetivo y todas son esenciales”, expresó.

Entender que no existe “eficiencia” en las vacunas es otra indicación. “Hay eficacia y efectividad. La eficacia se mira en la fase 3, en estudios controlados y la efectividad se mira al aplicar la vacuna en la población, que ya no está controlada. Cuando Israel vacuna a un alto porcentaje de su población, empieza a dar los resultados de la efectividad, pero no se puede hablar de eficacia”, agregó.

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Perelman dijo que es importante saber cuáles son los objetivos de un ensayo clínico. Siempre hay que poner la lupa en el beneficio y el riesgo. “Si empiezan a surgir efectos adversos raros y empiezan a verse complicaciones, eso es normal cuando estamos vacunando a millones. Hay que entender que surgirán eventos, como que se caiga por las escaleras la vecina que ayer se vacunó, pero es una casualidad, no una causalidad. Hemos visto notas periodísticas que señalaban que una persona tuvo un infarto y chocó con el auto luego de vacunarse. No hay que caer en eso”, refirió.

También marcó como importante asumir la diferencia entre efectos secundarios y efectos raros o adversos. “Todas las vacunas o medicamentos pueden producir efectos secundarios, algunos son normales y hasta benéficos, porque demuestran que el sistema inmunológico está funcionando. Los efectos adversos provocan un estado de salud menor al que teníamos y ahí se entra a evaluar el riesgo respecto a lo que queremos prevenir. Si el beneficio es mayor, se sigue vacunando, como ocurre con la vacuna Johnson y Johnson. Esa es la fase 4, de fármaco-vigilancia, que no acaba y debe transmitir confianza, no alama”.

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Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Sam Moqadam