Por qué tener editoras de género

porIsabel González Ramírez
Jan 15, 2020 en Diversidad
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Este artículo, escrito por Isabel González Ramírez, es parte de una serie a cargo de Chicas Poderosas, una comunidad global que promueve el liderazgo femenino y genera recursos para darle forma al futuro del oficio periodístico. Lee otros artículos de Chicas Poderosas en IJNet aquí, y sigue a Chicas poderosas en Twitter, Instagram y Facebook.

El periodismo es una profesión que se basa en la objetividad, pero hay poco consenso sobre cómo es esa objetividad realmente. A medida que las mujeres periodistas abrazan el feminismo, dicha objetividad es confrontada de distintas maneras. Para actualizarse, las redacciones deberían crear puestos de edición de género.

Las periodistas juegan un papel importante en el ecosistema de las noticias, especialmente en América Latina, donde han fundado casi el 40% de los medios nativos digitales existentes en la región, según el estudio Punto de Inflexión de SembraMedia. Muchas de estas profesionales están organizándose en torno a sus principios feministas, diciendo en voz alta: "Soy feminista y periodista", a pesar del rechazo que a menudo reciben.

El periodismo feminista nos permite contar historias nuevas, más completas y equitativas sobre temas que hoy en día ya nadie puede negar, como el abuso sexual, la salud reproductiva, los feminicidios y el techo de cristal.

En mayo, más de 500 periodistas se reunieron en Ecuador para asistir a Zarelia el primer festival de periodismo feminista, que representa a 90 medios digitales de 13 países

Zarelia

En Zarelia, las mujeres compartieron metodologías para el periodismo feminista, construyeron agendas transnacionales y colaborativas e identificaron situaciones en las que se sienten en riesgo. Muchas han tenido que lidiar con la violencia de género online y fuera de línea por parte de sus colegas, sus fuentes o la audiencia, como señala este informe de la investigadora Julie Posetti.

En uno de los talleres del festival, organizado por Chicas Poderosas, las asistentes contaron su propia experiencia frente a amenazas, agresiones sexuales o acoso online. Además, las mujeres hablaron sobre formas menos explícitas de acoso de género, como el hecho de no informar sobre cuestiones relacionadas con el género porque los editores subestiman el interés de la audiencia o no ven el beneficio de cubrirlas.

Catalina Ruiz Navarro es la editora de Volcánica, la sección feminista de Nómada de Guatemala. Hace poco hizo una investigación para denunciar varios casos de acoso sexual y abuso de colegas periodistas por parte de su ex jefe, Martín Rodríguez Pellecer. Durante un panel, explicó por qué se considera feminista y por qué es fundamental para su trabajo. El periodismo tradicional, que se niega a considerarse feminista, no es imparcial, dijo, "pero es activismo por el status quo".

Las cuestiones relacionadas con el género requieren conocimientos especializados y tienen su propio idioma para dar cuenta del momento histórico actual. Las editoras de género han surgido en las redacciones para garantizar que el contenido deje de promover estereotipos y analizar las razones estructurales detrás de la violencia contra las mujeres y las personas LGBTQ+. Este rol ha aparecido junto con otros puestos que antes no existían en los medios.

Nadie lo piensa dos veces cuando los medios de comunicación contratan editores de audiencias en el siglo XXI. Es un trabajo que tiene un lenguaje especializado, con sus propias métricas y parámetros específicos relacionados con el monitoreo y el incremento de los seguidores de una publicación.

Sin embargo, exigir una editora de género es mucho menos aceptado, aunque ambas posiciones brindan pautas sobre cómo comportarse dentro de una realidad que no se entiende fácilmente. Las editoras de género son especialmente importantes en este momento en el que los movimientos feministas de América Latina, como #NiUnaMenos, #MeToo o #ElVioladorEresTú, le han dado una mayor visibilidad a la violencia de género. Durante años, la violencia contra las mujeres fue un problema secundario en los medios de comunicación, que solo se abordaba a través de informes sensacionalistas en los que, por ejemplo, el feminicidio se consideraba un "crimen pasional", sin profundizar en las razones estructurales que llevan a los hombres a terminar con las vidas de las mujeres.

En 2017, el New York Times se convirtió en una de las primeras redacciones en crear un puesto de edición de género. El periódico español El País hizo lo mismo en 2018. En América Latina, el periódico brasileño Folha de Sao Paulo y las publicaciones argentinas Infobae y Clarín crearon nuevos puestos editoriales dedicados a la diversidad y el género en 2019.

Pero incluso antes, ya se habían fundado medios de comunicación autodenominados feministas, como la revista Pikara (2010) en España, Cosecha Roja (2010) en Argentina, y Agência Pública (2011) en Brasil. Desde 2017, numerosas iniciativas periodísticas feministas y de género han surgido en la región, como La Periódica, Latfem, Volcánica, Kaja Negra y Managua Furiosa, entre otras.

"Todas las decisiones que tomamos al producir una historia son subjetivas", dice Natalia Arenas, editora de Cosecha Roja, con sede en Argentina, donde los derechos reproductivos como el aborto no están garantizados para las mujeres. Identificarse como periodista feminista es "tomar una posición y establecer claramente el lugar desde el cual estamos informando: desde nuestro propio deseo de tener plenos derechos sobre nuestros cuerpos", explica.

Andrea Dip, editora de Agência Pública, expresa que, en medio de los ataques contra los derechos de las mujeres y las personas LGBTQ+ promovidos por el actual gobierno de Brasil, es importante que el periodismo informe sobre estos temas, y hacerlo lo hace feminista.


Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Arièle Bonte.