#Noshare: una declaración sobre la propiedad de los datos

porGustavo Faleiros
Oct 8, 2013 en El ABC del periodista

La narrativa sobre los grandes volúmenes de datos frecuentemente se focaliza en su vigor y en su potencial. Las posibilidades de que estos estén dedicados al bien cívico es emocionante. Los datos se utilizan para todo: desde una mejora de la capacidad de respuesta ante una crisis producida por desastres naturales (como ocurrió con el huracán Sandy), hasta la posibilidad de ofrecer servicios bancarios en teléfonos móviles a los ciudadanos más pobres de África.

Sin embargo, el entusiasmo que sentimos por el potencial de los grandes volúmenes de datos para mejorar nuestra vida no nos debe impedir darnos cuenta de que esta nueva etapa plantea varias cuestiones éticas que necesitan respuestas. La pregunta que muchos se formulan es: "¿Hasta qué punto nuestros datos personales han sido mal utilizados por los gobiernos y las empresas?"

Millones de huellas digitales alrededor del mundo han sido apropiadas por razones económicas y vigiladas en nombre de la seguridad, con frecuencia sin consentimiento. El caso actual de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, según lo revelado por Edward Snowden, es tal vez el ejemplo más palpable. Pero incluso algo tan aparentemente inofensivo como la publicidad no deseada dirigida personalmente a nuestras bandejas de entrada revela las "reglas no tan rígidas" sobre los datos privados.

Cuando fui invitado por la Fundación Rockefeller y Pop Tech para participar en la beca inaugural Bellagio / Pop-Tech, me uní a un grupo multidisciplinario de académicos y profesionales para discutir las implicancias que los grandes volúmenes de datos tienen en la resistencia de las comunidades. Nos preguntamos a nosotros mismos: "cuando una ciudad o barrio se enfrentan a situaciones de desastres o estrés, como una crisis económica, el cambio climático o una catástrofe natural, ¿cuál debería o podría ser el papel de los grandes volúmenes de datos en el impulso de la recuperación? ¿Deberían ayudar a prevenir el desastre en primer lugar?".

Nuestra conclusión es que cuando se emplean mal los datos, las redes se erosionan, lo que socava la confianza de los ciudadanos hacia las instituciones que existen para servirlos. Por ejemplo, durante un desastre natural, la geolocalización es muy útil para los esfuerzos de recuperación. Sin embargo, muy pocas personas se comprometen a compartir su ubicación en las plataformas de medios sociales, ya que temen que sus datos serán capturados por las empresas ansiosas de obtener estos datos para razones inadecuadas.

Nuestro grupo se preguntó: "¿Cómo podemos animar a la gente a compartir sus datos para el bien social? ¿Cómo podemos permitir que las personas compartan su información sólo cuando sienten que es necesario?".

En respuesta a esto tenemos una propuesta. Adoptemos el hashtag "#noshare", o "#ns" como una declaración sobre la propiedad de los datos y nuestro derecho a optar por salir del actual drenaje digital de la información personal.

Creemos que esta iniciativa, con apoyo suficiente, puede actuar como una norma social sobre la información que debe o no debe transformarse en datos de búsqueda. Es una línea en la arena para aquellos que quieren intentar usar tus datos sin que lo sepas. ¿Deben ser prevenidos de que lo hagan? No, pero estará suficientemente claro si los usan de una forma que viola tu voluntad. No habrá forma alguna de que quien utilice tus datos niegue estar informado de que tu no querías que los usaran.

Podemos utilizar #noshare en las redes sociales y también en los pins de la ropa, en los letreros de los edificios, o en cualquier otra situación en la que no quieres que tus acciones sean detectadas o vigiladas. Como Patrick Meier, otro compañero de nuestro grupo de Tech Pop, escribió en su blog: iRevolution, se trata de "un humilde intento de recuperar algo de acción sobre las máquinas para interés de la privacidad."

¿Por qué esto es importante para el periodismo?

En la era de los grandes volúmenes de datos, una discusión sobre la ética será clave para las organizaciones de periodismo. La enorme cantidad de información que se genera actualmente está transformando al periodismo tal como lo conocemos. El periodismo de datos, por ejemplo, es una rama totalmente nueva en nuestro campo. Se basa en la creciente capacidad tecnológica para acceder y analizar grandes conjuntos de datos, para que podamos revelar y contar las historias y noticias que hay detrás de ellos.

Los medios de comunicación ya están creando algoritmos para capturar y leer los datos. Uno de los ejemplos más impresionantes que he visto es el Open Paths project del New York Times: un "candado de datos de la información de localización personal", que permite compartir datos geográficos a personas con proyectos educativos, de artes específicas o con iniciativas de investigación.

También hay esfuerzos académicos que tratan de entender cómo se están transformando las prácticas tradicionales de producción y distribución de la información. La académica Emily Bell, directora del Centro Tow en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, junto con algunos de sus colegas, dicen que estamos experimentando el surgimiento del periodismo post-industrial.

Sin duda, es emocionante el uso de los datos para innovar en el periodismo. Esto es especialmente importante en un campo que frecuentemente se considera moribundo, dado el gran número de despidos y cierres en las redacciones de todo el mundo. Al trabajar con grandes cantidades de datos, los medios de comunicación están creando productos interactivos e invierten en información proveniente de sus audiencias.

No obstante, la confianza del público en los medios de comunicación y la importancia del periodismo será mayor si adoptamos políticas que respeten la intimidad y la honestidad hacia el uso de datos. Sólo si el periodismo puede ganarse la confianza de la opinión pública podrá cumplir con eficacia su función de hacer que las personas e instituciones poderosas rindan cuentas.

En mi opinión, uno de los conceptos más interesantes que describen la relación entre la cultura y la tecnología fue desarrollado por el sociólogo alemán Ulrich Beck, quien asegura que vivimos en una "sociedad de riesgo", en la que nos ocupamos de los peligros y amenazas de forma simultánea con la introducción de la tecnología moderna. Con frecuencia se utiliza el ejemplo de la energía nuclear: es una de las formas más avanzadas para la extracción de energía de la materia, pero es potencialmente la más peligrosa.

Parece que si no utilizamos los límites éticos cuando se trata de grandes volúmenes de datos, vamos a seguir frente a la misma contradicción entre los posibles riesgos y las oportunidades.

Gustavo Faleiros es un periodista especializado en medioambiente y periodismo de datos. Es un ICFJ Knight International Journalism Fellow y se encuentra trabajando en Brasil. Él agradece a los becarios de Pop Tech Kate Crawford, Amy Luers, Patrick Meier, Claudia Perlich and Jer Thorp por sus comentarios, contribuciones e inspiración para este post.

El contenido de los proyectos relacionados con la innovación global y con los socios de las Knight Fellowships en IJNet son apoyados por la Fundación John S. and James L. Knight, y son editados por Jennifer Dorroh.

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