Los peligros de divulgar tratamientos para el COVID-19 sin rigurosidad

porAndrés Colmán Gutiérrez
Feb 10, 2021 en Cobertura del coronavirus
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“Los periodistas deben tener mucho cuidado en no divulgar el uso de medicamentos o tratamientos para el covid-19 que no tengan una rigurosidad científica, porque se puede hacer mucho daño a la población”, advirtió el médico salvadoreño José Gonzalo Batres Baires, jefe del staff de Medicina Interna, UCI, Gastroenterología y Endoscopía del Hospital Asklepios de Munich, Alemania. Allí

participa en el desarrollo de protocolos hospitalarios y en el manejo de pacientes con COVID-19 en cuidados intensivos.

Batres Baires fue panelista del seminario web "Tratamientos actuales contra la COVID-19", organizado por el Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de la Salud del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) y la Red Internacional de Periodistas (IJNet), moderado por Desirée Esquivel. Lo hizo junto a Iván Solano Leiva (también de El Salvador), infectólogo, miembro de la Asociación Panamericana de Infectología, coordinador del Comité de Vacunas de la Asociación Centroamericana de Infectología y miembro del Observatorio COVID-19 del Colegio Médico de El Salvador.

Batres Baires indicó que, desde el inicio de la pandemia del coronavirus se han visto publicaciones de artículos científicos y divulgación de notas de prensa sobre la divulgación de tratamientos contra la enfermedad sin tener en cuenta le debida rigurosidad, y que posiblemente respondieron principalmente a la premura que impuso la emergencia.

“En el caso de la producción de vacunas para enfrentar a la COVID-19, todas las farmacéuticas se han dedicado a dar anuncios de prensa sin haber publicado los estudios científicos. Entonces, la gente escucha o lee en las noticias que una vacuna es efectiva en un 90% antes de que la comunidad científica pueda valorar si esto es cierto. Hemos entrado en una tendencia en que todo es prensa, todo es noticias, sin tener la valoración científica que corresponde, como normalmente la teníamos ante de que sucediera la pandemia”, enfatizó.

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Según Batres Baires, “no porque se publicó en el canal más importante de noticias o en una famosa cadena periodística de Estados Unidos significa que eso es cierto”. “Hay que recurrir a los especialistas y a los expertos para corroborar qué saben de esta información. Hay muchas cosas que se han publicado en la CNN, en la BBC, que no se basan en lo que debería de ser”, indicó.

Como ejemplo, Batres Baires y Solano Leiva coincidieron en que, por ejemplo, existen muchas publicaciones con declaraciones de médicos e incluso de líderes políticos que recomiendan el uso de la ivermectina y la hidroxicloroquina en los tratamientos contra COVID-19, cuando no existe aún evidencias científicas que aseguren su efectividad, mientras que si poseen efectos adversos.

Solano Leiva indicó que desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia, hace aproximadamente un año, los tratamientos contra la COVID-19 han variado mucho. “La medicina es así. Algo que el mes pasado era tenido como algo cierto ahora puede ser algo falso, porque se van haciendo diversos estudios que demuestran si un medicamento funciona o no. El problema es que, principalmente en nuestros países de América Latina, siguen existiendo muchas prácticas de auto-tratamiento, sin buscar atención médica especializada”.

“Ustedes no me dejarán mentir si les digo que en Latinoamérica persiste aquello de ‘mira, tú puedes tomar esto, porque a la madre de la prima de mi cuñada le funcionó’, y entonces uno ya va buscando ese tratamiento, pero muchas veces las cosas no son ciertas. Eso es importante tomar en cuenta. Los periodistas deben ayudar a evitar que ocurra algo así”, agregó.

Además de las recomendaciones sin sustento científico de usar ivermectina o hidroxicloroquina, Solano Leiva mencionó que en ocasiones también se han promovido tratamientos en base a algunas hierbas. “Esta pandemia también no ha demostrado que, a veces, la desesperación o el pánico a esta enfermedad nos hace perder el sentido común. Hemos estado escuchando a muchos personajes que se aprovechan de este deseo de la población de acceder a un medicamento milagroso con el cual vamos a curar la COVID-19, pero eso no existe”, destacó.

Batres Baires indicó que se ha comprobado científicamente que el coronavirus produce émbolos o trombos en los pacientes, por lo que se recurre a tratarlo con medicamentos antitrombóticos (medicamentos que reduce la formación de coágulos sanguíneos), que son accesibles en la mayoría de los países, aun en aquellos que enfrentas dificultades financieras. La recomendación general es que los estados de fiebre que produce se traten con acetaminofén (también conocido como paracetamol), un fármaco con propiedades analgésicas y antipiréticas. También señaló que se prohíbe realizar nebulizaciones a los pacientes con COVID, por el alto riesgo de contagios con los aerosoles.

“Una cosa tiene que quedar clara: todos los medicamentos que se están utilizando en todo el mundo contra el coronavirus, todos están en fase de estudio, todos están bajo evaluación, no hay ningún medicamento que se diga al cien por ciento: ‘esta es la terapia para la COVID-19’. No existe”, aseguró el especialista.

Batres Baires indicó que existen dos medicamentos que son los que parecen contar con mejor evidencia científica, y actualmente son los más utilizados en el mundo para el tratamiento del coronavirus, que son la dexametasona (un potente glucocorticoide sintético con acciones que se asemejan a las de las hormonas esteroides) y el remdesivir (un medicamento antiviral, que pertenece al grupo de los análogos de nucleótidos), y que han logrado efectividad importante en algunos casos de tratamiento en pacientes. En el caso de la dexametasona, los que más se benefician son los pacientes que necesitan oxígeno. Algunos estudios aseguran que su utilización oportuna y adecuada evita que lleguen a terapia intensiva y disminuye la mortalidad.

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Pero aun así, se requieren más estudios para determinar la utilización de estos y otros medicamentos. Los ensayos clínicos con respecto al uso de los fármacos, como a los tratamientos, son aún insuficientes.

“Hay muchos estudios que se contradicen y a medida en que pasa el tiempo, hay estudios que dicen: no, en realidad no tiene este efecto en el número de pacientes que se han revisado, porque han sido muy pocos. En algunas sociedades incluso han retrocedido en la recomendación del uso”, señaló Bartes Baires.

Solano Leiva coincidió que en muchos casos “se publican estudios que, cuando uno los revisa con rigurosidad científica, se da cuenta que no debieron de haber sido publicados, porque estaban mal diseñados”.

El especialista se muestra preocupado porque sectores médicos y líderes políticos recomiendan el uso de fármacos como ivermectina, cuando no hay estudios serios que certifiquen su eficacia. Inclusive hay gobiernos que distribuyen el medicamento a la población en kits o paquetes para combatir el coronavirus.

“La población, que está urgida de soluciones al pánico que se le ha creado ante la enfermedad, dice: ‘¡Wow, mi gobierno y mi presidente me quieren y me están enviando esto!’ Aquí se ha hecho un manejo político de la pandemia. Yo lo resumo y lo digo a los medios de comunicación de mi país que los ‘politivirus’, como los llamo, han hecho más daño que el mismo COVID-19 en El Salvador. Me refiero a los políticos de nuestro país. Entonces, en definitiva, la ivermectina no debe utilizarse, ni como preventivo ni para tratamiento de la covid-19”, enfatizó.

Ambos especialistas coincidieron en que el trabajo de los periodistas resulta muy importante, informando de manera rigurosa, chequeando debidamente la información y, sobre todo, al no prestarse a divulgar informaciones poco fiables o sin respaldo científico sobre el uso de medicamentos y el tratamiento de la COVID-19.

Como una de las fuentes de información científica confiable en donde buscar datos más precisos, Solano Leiva recomienda la página web del Instituto Nacional de Salud (NIH) de los Estados Unidos.

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Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Christine Sandu.