Ignacio Escolar: “Para el periodismo, la pandemia fue como un túnel del tiempo”

porAgustín Herrero
May 10, 2021 en Cobertura del coronavirus
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Ignacio Escolar, fundador y director del medio español eldiario.es, habla de periodismo desde el estudio de música de su casa. Al lado de un piano eléctrico y con el cansancio del día después de la cobertura de las elecciones de Madrid, reflexiona sobre los brutales efectos de la pandemia en la profesión a la que le dedicó la vida. Destaca el éxito del medio que fundó, critica a las redes sociales y piensa en el futuro con cierto optimismo. Después de todo, cree, las máquinas no podrán con el periodismo.

A continuación, un resumen de la entrevista que mantuvo el director de eldiario.es con IJNet.

¿Cómo viste al periodismo en estos meses de coronavirus?

Primero, creo que como periodistas nunca hemos contado una noticia que tuviese un impacto tan directo en la vida de las personas. Creo que en la historia del periodismo español habría que remontarse a la guerra civil para encontrar algo equivalente. Ni siquiera la muerte de Franco equivale a lo que supone para la vida cotidiana de la gente esta noticia, esta pandemia.

Mi segunda reflexión tiene que ver con cómo nos ha cambiado la manera de organizarnos. Todos en la redacción de eldiario.es llevamos desde el 10 de marzo trabajando desde nuestras casas. Llevo dirigiendo periódicos desde el año 2007 y nunca había imaginado que fuésemos capaces de hacer un periódico como el que hacemos trabajando todos así.

Luego también hay un punto de responsabilidad. El informar con rigor y con profesionalidad de todo lo que supone esta pandemia, creo que es una responsabilidad mayor de la que hemos tenido nunca como periodistas. Afecta directamente la vida y la muerte de las personas.

¿Crees que las personas han tenido una mayor tendencia a consumir noticias al estar confinadas?

Sin ninguna duda. Al menos en nuestro caso, el salto de audiencia ha sido enorme.

¿En cuánto aproximadamente?

Antes de la pandemia estábamos teniendo un millón de usuarios únicos al día, más o menos. Durante la pandemia, en los momentos más duros, nos fuimos a tres millones al día. Y ahora estamos entre 1,7 y dos millones. Hemos pegado un salto de casi duplicar el tamaño.

¿Qué cambios crees que esta época va a traer a la profesión?

Para el periodismo, y para muchas cosas, la pandemia fue como un túnel del tiempo. Nos encerramos en casa en el año 2020 y cuándo salimos y volvimos al mundo físico, en vez de pasar medio año, habían pasado 10 años. Y un montón de fenómenos que estaban en marcha se han acelerado en este tiempo.

En el caso del periodismo escrito ha sido el cambio del papel a la web. El periodismo digital ha sido fundamental en este año de pandemia. Por la rapidez, por la capacidad de hacerlo desde tu casa. Este cambio hacia la digitalización que ocurre en un montón de sectores, en el nuestro se ha notado mucho.

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¿Y en cuanto al modelo de negocios?

El cambio del gratis al pago. Es otra de las tendencias que había en marcha en el periodismo escrito en todo el mundo y que en este año de pandemia se ha acelerado.

Cuando nosotros nacimos éramos la anomalía: un periódico que busca el apoyo económico de sus lectores. Ahora es la norma, porque no va a haber periódicos de calidad que no estén apoyados directamente por sus lectores.

En nuestro caso concreto hemos pasado de 35.000 suscriptores socios en enero de 2020 a 62.000 que tenemos hoy. Casi duplicamos. Hemos tenido el crecimiento más fuerte de toda nuestra historia.

¿Las redacciones también tendrán cambios?

Su estructura interna va a cambiar. Nosotros estamos trabajando ya en la vuelta a la oficina. Pero va a ser una redacción distinta a la que abandonamos. El nuevo modelo que vamos a poner en marcha en el diario, cuando volvamos a la oficina, va a ser mixto entre presencialidad y teletrabajo. Vamos a tener un día obligatorio de asistencia, pero el resto del tiempo vamos a apostar por un modelo mixto y que el trabajador elija.

Creo que va a cambiar para siempre. Los puestos van a dejar de ser fijos. Tú llegas y te sientas la mesa que hay libre, no tienes una mesa para ti, independientemente de que vayas o no vayas. Eso también nos permite trabajar de una forma más agradable. Porque la oficina va a ser más un sitio de reuniones y de encuentros, incluso de actos con nuestros socios, que solamente un centro de trabajo y producción como hasta ahora.

¿Ese modelo no puede acabar con el compañerismo en las redacciones?

Creo que no necesitamos estar cinco días por semana viéndonos las caras. Este modelo permite que la gente viva un poco mejor, que la gente sea también más productiva.

Pero sí que me preocupa otra cosa, que nos está pasando también: el riesgo psicológico del teletrabajo. Ahora no existe una frontera. Yo antes sabía cuándo empezaba a trabajar y cuándo dejaba de trabajar, porque era el momento en que entraba y salía de la redacción. Ahora me paso muchos días en pijama trabajando y no sabes ni cuándo empiezas ni cuándo terminas.

Hemos tenido casos de depresión, de estrés, de ansiedad, precisamente por ese exceso de trabajo, sumado al trabajar en casa. No todo el mundo tiene una casa adaptada al teletrabajo.

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¿Cómo observas la creciente polarización en las redes sociales?

Me preocupa muchísimo. Yo soy un desencantado de las redes sociales. Fui de los primeros en participar en ellas muy activamente. Estoy en Twitter desde 2007 o 2008, pero creo que hace mucho tiempo las redes sociales son una industria contaminante. Soy un absoluto crítico de cómo están funcionando y los efectos que están teniendo con el debate público y la información. Creo que los fenómenos de polarización en todo el mundo no se explican sin las redes sociales.

Las sociedades en un mundo híper comunicado se fragmentan. Ya no existe un debate público, existen 15 debates públicos, dependiendo de tus intereses, tu sentido del voto, tu ciudad, tu ideología.

Además acaba siendo un entorno en el que no existe la verdad. Los datos son completamente maleables y fenómenos como el éxito del terraplanismo o el movimiento antivacunas se explican en gran medida por el efecto de las redes sociales. Creo que las propias redes están a tiempo de tomarse en serio su responsabilidad democrática.

Un amigo mío decía que nosotros somos la primera generación que empezó a fumar sin saber que producía cáncer. Y creo que nosotros hemos llegado a las redes sociales un poco con esa misma ingenuidad, de no saber muy bien qué terreno pisábamos. Ahora nos estamos dando cuenta de todo lo que produce.

¿Cómo te imaginas al periodismo dentro de 20 años?

Creo que seguiremos existiendo y no seremos sustituidos por máquinas. A lo mejor una parte de nuestro trabajo sí lo será, pero no creo que el trabajo que muchos de los periodistas hacemos pueda ser sustituido por una máquina. Pero sí creo que se va a notar más una diferencia entre los medios cuyo cliente es el lector y los medios cuya mercancía es el lector. En internet todo parece lo mismo pero ahora la diferencia va a quedar muy clara. Porque en el momento en que los medios vuelvan de manera primordial a ser financiados por sus lectores, va a haber una diferencia notoria.

Habrá un nuevo riesgo que será el decirle al lector lo que quiere creer o leer. Me preocupa mucho. En el diario le llamamos el síndrome del espejo de Blancanieves. Pero creo que la obligación de un medio, incluso con su propia comunidad, es en ocasiones llevarle la contraria. No sin escucharles. Pero hay muchas veces que un medio le tiene que decir a sus lectores: no tienes razón, por estos datos. La credibilidad no se puede perder.


Imagen cortesía de Ignacio Escolar.