Encuesta de Chicas Poderosas Ecuador busca conocer cómo se hace periodismo en tiempos de pandemia

porIsabel González Ramírez
Sep 3, 2020 en Cobertura del coronavirus
SS

Los datos son fundamentales para las historias periodísticas pero pocas veces medimos cómo hacemos periodismo. Por eso, Chicas Poderosas Ecuador lanzó, con el apoyo de Fes-Ildis, una encuesta que busca conocer las condiciones en que trabajan periodistas y profesionales en medios de comunicación de todo el país, con la intención de impulsar entornos laborales equitativos, justos y seguros. La encuesta, que es anónima y tarda 15 minutos en completarse, aborda de manera inédita las formas de contratación, salarios, carga laboral, posibilidades de crecimiento profesional, brechas y violencia de género, discriminación, riesgos y otras situaciones asociadas al trabajo que realizan las mujeres, personas de las disidencias sexuales y hombres en medios de comunicación, tanto en relación de dependencia como freelance.

Estos datos son necesarios porque, por un lado, no existe una medición exhaustiva ni estandarizada que permita comparar las condiciones en las que se realiza el trabajo periodístico en Ecuador. Y por el otro, porque la pandemia profundizó la crisis desatada en los medios de comunicación ecuatorianos por la implementación de modelos de convergencia digital que provocaron despidos, sobrecarga y flexibilización laboral a lo largo de los últimos 20 años. 

Las crisis acumuladas 

La pandemia sorprendió a muchos medios de comunicación en estado agónico y a quienes ejercen el periodismo en situación de fragilidad. La consultora ecuatoriana Icare señala que al menos 950 trabajadores de la comunicación han sido despedidos en lo que va del 2020 en el país y según la organización Fundamedios, como mínimo 19 colegas han fallecido por Coronavirus. Sin contar el subregistro, Ecuador está dentro de los primeros cinco países del mundo con más periodistas muertos durante la pandemia en ejercicio de su profesión. 

A la precariedad acumulada se sumaron los riesgos de contagio, la falta de acceso a servicios de salud, la imposibilidad de cubrir los costos económicos de la enfermedad, mayores probabilidades de sufrir despidos intempestivos y de fallecer por el virus, la preocupación por la salud mental y el imperativo de someterse a jornadas frenéticas de trabajo incompatibles con las labores de cuidado, realizadas usualmente por las mujeres. 

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Ante el vacío de información oficial y de soluciones visibles, durante los meses de abril y mayo las organizaciones de la sociedad civil promovieron en Ecuador una campaña para recaudar recursos económicos, un círculo de contención psicológica para mujeres periodistas y un breve sondeo del que participaron 41 profesionales de la comunicación, especialmente de la ciudad de Guayaquil, la más afectada hasta ese momento por la COVID-19. 

De las personas que respondieron al sondeo, 56% dicen que, al inicio de la emergencia sanitaria, los medios de comunicación entregaron material de bioseguridad. Un 38% recibió esta dotación diaria mientras que el resto la recibió una sola vez o semanalmente, lo cual contradice las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Además, por la naturaleza de la labor periodística, 42% dice que estuvo en lugares con alta carga viral como hospitales o protestas sociales. De los datos recogidos y desagregados por género se puede establecer que las condiciones precarias afectan más a las mujeres, pues 66,7% de hombres y 60,71% de mujeres tenían un contrato a tiempo completo en ese momento. Mientras que 28,57% de mujeres y 16,67% de hombres tenían un contrato por prestación de servicios o a tiempo parcial. 

Las respuestas evidencian también que hubo periodistas en contacto con personas con COVID-19 que no pudieron hacer cuarentena porque sus empleadores no se lo permitieron o porque temían perder sus trabajos.  En el caso de quienes sí la hicieron, los días fueron tomados como libres o con recargo al tiempo de vacaciones. Asimismo, entre los sentimientos más frecuentes de quienes llenaron el formulario están el estrés, el miedo y la angustia, incentivados por la idea de no poder desconectarse de las noticias, el exceso de horas de trabajo, la reducción de sueldos y la incertidumbre laboral. Ante este panorama era necesario continuar midiendo, ahora con un poco más de alcance.

Resultados preliminares

La encuesta Cómo hacemos periodismo ha sido completada hasta el momento por más de 200 profesionales en medios de comunicación. De estos, 55,77% trabaja más de 40 horas semanales sin recibir ningún pago por horas extras y un centenar afirma que no podrá pagar sus cuentas durante los próximos tres meses. Asimismo, a través del hashtag #CómoHacemoPeriodismo se han activado  conversaciones en redes sociales que completan los números con anécdotas y experiencias personales sobre temas tabú como la visibilidad como estrategia de pago en los medios ecuatorianos, el acoso laboral y sexual que rodea el ejercicio profesional, las barreras para que las mujeres y las personas de las disidencias sexuales alcancen puestos de liderazgo y  la falta de políticas claras para que los espacios laborales sean seguros, justos y diversos.

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Esto es relevante si tenemos en cuenta que estas situaciones no son aisladas sino que han hecho parte de los modelos de gestión y de negocio que han tenido los medios de comunicación. La Relatoría especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) enfatiza en que los actos de violencia contra las mujeres periodistas “son sintomáticos de un patrón de discriminación estructural contra las mujeres, que tiene sus raíces en conceptos referentes a la inferioridad y subordinación ante los hombres”. 

La periodista de investigación y editora política de la revista Vistazo, Belén Arroyo, compartió en uno de los lives con Chicas Poderosas Ecuador cómo durante muchos años a las mujeres se les pidió encargarse de escribir las recetas mientras los hombres investigaban, y cómo la maternidad era y sigue siendo vista un hecho poco compatible con las redacciones tradicionales.

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El documento de la CIDH señala cómo la discriminación, los estereotipos de género y la cultura de largas horas de trabajo propia de muchos medios de comunicación, influyen en la visibilidad, el valor del trabajo profesional y la escasa presencia de mujeres en cargos de alta gerencia. Y todo esto empeora cuando se cruza con otras variables como el origen étnico o racial y la identidad sexogenérica.

Los datos recolectados a través de la encuesta, que se cierra el próximo 7 de septiembre, servirán para estimular la reflexión sobre la necesidad de construir otros modelos que ayuden a  resolver no solo las crisis económicas sino todas las otras crisis presentes en los medios de comunicación, y también en los espacios de representación y asociación para la defensa de los derechos laborales. 

Puede ser que los medios y experiencias asociativas que han surgido durante la última década en Latinoamérica y se identifican con posturas feministas como Agenda Pública (Brasil), Cosecha Roja (Argentina) o Alharaca (El Salvador) tengan pistas sobre cómo ir alcanzando el rigor periodístico y la sostenibilidad económica a la vez que mujeres, las personas racializadas o de las disidencias sexuales lideran equipos de trabajo. También puede que aporten acerca de cómo construir entornos de trabajo seguros e  implementar protocolos para atender la violencia en caso de que ocurra, o sobre modelos de negocio diversificados y equitativos. 

Crear mejores condiciones para ejercer el periodismo seguramente tendrá un efecto en las audiencias, ávidas de información pero con su propia crisis de confianza en los medios.  Suena como a un borrón y cuenta nueva. Pero qué más da. El 2020 ha demostrado con creces la inminente necesidad de poner en el centro no solo la sostenibilidad del oficio sino de la vida. 


Puedes completar la encuesta para conocer #CómoHacemosPeriodismo antes del 7 de septiembre aquí. bit.ly/comohacemosperiodismo.

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