Desinformación durante la pandemia: cómo detectarla y cuáles son los mejores caminos para combatirla

por Andrés Colmán Gutiérrez
Apr 22, 2021 en Cobertura del coronavirus
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En alianza con nuestra organización matriz, el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ), IJNet conecta a periodistas con expertos en salud y redacciones internacionales a través de una serie de seminarios web sobre COVID-19 como parte del Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud.

El presente artículo corresponde a nuestra serie sobre el coronavirus. Entra aquí para leer más.

Existen muchas técnicas para chequear si una información sobre la pandemia del coronavirus, que llega a través de redes sociales o de medios de comunicación, es verdadera o falsa, pero nunca está de más aplicar el sentido común y pensamiento crítico.

Esa es la principal recomendación que brindaron Olivia Sohr (Argentina), directora de Impacto y nuevas iniciativas de Chequeado, y Tamoa Calzadilla (Estados Unidos), coordinadora de El Detector, la plataforma de fact-checking de Univisión Noticias, durante su participación en un reciente seminario web llamado “Desinformación en pandemia. Descifrando los 10 bulos más compartidos en la crisis sanitaria”.

El evento fue organizado por el Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de la Salud, del Centro Internacional de Periodistas (ICFJ) e IJNet Español.

“Cuando uno desconfía de una información relacionada a la COVID-19 que se vuelve viral, hay un montón de técnicas que se pueden aplicar para verificar si es falsa o no, pero lo mejor es parar un poquito, pensar con atención y evaluar el tema con pensamiento crítico y sentido común. Si esa primicia que nuestro tío nos está enviando vía WhatsApp no se encuentra en otros sitios, no está publicada en un portal de noticias en el que confiamos, entonces es probable que sea falsa”, indicó Sohr.

La experta en fact checking indicó que los propagadores de noticias falsas buscan generar una emoción muy fuerte en quienes reciben la versión, causando indignación o esperanzas enormes, para que reaccionan visceralmente y compartan el contenido en forma inmediata. Así, contribuyen a propagar la desinformación.

“Hay desinformaciones que ponen en riesgo la vida de las personas. Una que ha circulado mucho es sobre el uso del dióxido de cloro para tratar de curar la COVID-19, algo que es absolutamente falso, pues el dióxido de cloro es un químico peligroso que se usa en la industria, pero hay gente inescrupulosa que lo presenta y lo vende como una especie de cura milagrosa contra el coronavirus”, relato Sohr.

En la Argentina ocurrieron casos como el de una conductora de televisión que bebió un líquido durante un programa en vivo, alegando que era dióxido de cloro y que le hacía bien. “Posteriormente, un niño murió porque los padres le dieron de tomar el dióxido de cloro, creyendo que tenía COVID-19. Es el camino que recorre la desinformación: llega a través de mensajes y luego es repetido y amplificado por personas que tienen influencia en la sociedad, como políticos, actores, modelos, artistas, provocando daños”, dijo Sohr.

[Lee más: Las mutaciones del COVID-19: ¿Cómo cubrir el tema con base científica y rigor periodístico?]

Las noticias falsas más comunes en pandemia

Calzadilla compartió una lista de los cinco mitos más comunes con que se encuentran los chequeadores de noticias falsas sobre COVID-19 y las etiquetas que le aplican en El Detector de Univisión:

  1. Las vacunas contra Covid-19 causan problemas de infertilidad y afectan a la lactancia y el embarazo (falso).
  2. Las vacunas que contienen ARN mensajero afectan al ADN de las personas (falso).
  3. Si me pongo la vacuna ya soy totalmente inmune, porque hacen efecto inmediato (falso).
  4. Quienes se ponen las vacunas pueden dejar de usar mascarillas (falso).
  5. Es mejor recibir inmunidad teniendo la enfermedad y no aplicarse la vacuna (engañoso).

Sohr completó la lista, citando otros cinco tipos de bulos o informes falsos sobre el coronavirus:

  1. Las falsas curas, que abundaron principalmente al principio de la pandemia: recetas consideradas milagrosas, como mezcla de hierbas medicinales y otros productos, y los consejos de consumir dióxido de cloro o apelar a medicamentos cuya eficacia no está probada, como la ivermectina o la hidroxicloroquina.
  2. Las versiones sobre el origen de la enfermedad. Diferentes teorías que buscan explicar cómo supuestamente se creó el virus en laboratorios de China, de Estados Unidos o de otros sitios del mundo, con un propósito maléfico.
  3. Cómo se transmite la enfermedad. Se compartieron muchas versiones, incluyendo la de que la tecnología 5G transmite el virus.
  4. Las advertencias sobre las medidas de prevención de la COVID-19. Versiones como que el test PCR contiene un metal que hace que las personas den positivo a la COVID-19, aunque no estén contagiadas, como un siniestro plan para aislar y controlar a la población mundial, o las indicaciones de que usar tapabocas es peligroso por producir contagios.  
  5. Las versiones de que las vacunas no sirven. Hay mucha desinformación sobre supuestos efectos adversos, que vinculan situaciones como si estuvieran causadas por las vacunas, y además se dice que su aplicación produce muerte o infertilidad, o que han sido hechas con de “fetos abortados”.

[Lee más: Claves para detectar información errónea en las coberturas sobre ciencia]

Cómo combatir la desinformación

Calzadilla señaló la importancia de la transparencia, que implica mostrarle a la audiencia cuál fue el método de chequeo, tal como lo hace El Detector de Univisión y otros sitios periodísticos de verificación de hechos.

“Nuestra recomendación es no tener prejuicios a la hora de realizar los chequeos, porque puede suceder que algo que consideramos falso o engañoso no es tan así”, explicó.

Con respecto a quienes mantienen una posición casi fanática sobre las versiones sin sustento científico, Sohr indicó que hay “muchas personas a la que no se podrá convencer ni aun con las evidencias más contundentes, porque ya tienen una idea formada”.

Para definir prioridades a la hora del chequeado, recomendó tener en cuenta el grado de difusión viral que tiene una noticia falsa y cuánto daño puede ocasionar. Aconsejó tener cuidado en no dar mayor visibilidad a noticias falsas que permanecen en un grupo pequeño, pero que, al darles una contestación, se le otorga mayor visibilidad e indirectamente se contribuye a difundirlas aún más.

Calzadilla agregó que en las sociedades polarizadas ya hay posiciones tomadas y, más que discutirlas, conviene trabajar en brindar evidencias científicas para que cada quien decida qué hacer a partir de allí. “También es importante brindar probabilidades a la audiencia, cuáles son las probabilidades que tienes si te vacunas y cuáles si no te la aplicas”, enfatizó.

Sohr insistió en que cuando se detectan noticias falsas que se extienden de manera viral y pueden ocasionar daños. Hay que actuar muy rápido con la verificación y la publicación de los resultados con evidencias.

“Todo el tiempo que nos demoremos es un tiempo en que la desinformación va a seguir circulando y que la gente que no sabe que es falsa la va a compartir sin saber. Si llegamos pronto con el chequeo podemos evitar que esa persona la comparta con otras 15 personas. De ese modo, podemos reducir la circulación de la desinformación, que llegue a menos personas y sea menos dañina, lo cual ya es muy importante”, destacó.

Puedes ver el seminario web completo aquí: 


Este panel se realizó con el apoyo de Dow Jones, dentro de la serie "Libertad de Prensa en Pandemia".  

Imagen con licencia Creative Commons en Pexels, vía Connor Danylenko