Claves para cubrir el crimen organizado durante la pandemia

porAndrés Colmán Gutiérrez
Oct 2, 2020 en Cobertura del coronavirus
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En alianza con nuestra organización matriz, el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ), IJNet conecta a periodistas con expertos en salud y redacciones internacionales a través de una serie de seminarios web sobre COVID-19 como parte del Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud.

El presente artículo corresponde a nuestra serie sobre el coronavirus. Entra aquí para leer más.

Al no existir posibilidades de movilizarse y poder hacer trabajos de campo, la clave para realizar coberturas e investigaciones periodísticas sobre el crimen organizado durante la crisis de COVID-19 es que los reporteros puedan crear buenas bases de datos y una red de contactos de comunicadores, que permitan una experiencia colaborativa, coincidieron Chris Dalby y Ronna Risquet. Ambos participaron en el seminario web “Recomendaciones para cubrir el crimen organizado en pandemia”, organizado por el Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de la Salud del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) y la Red Internacional de Periodistas (IJNet). Actuó como moderadora Dariela Sosa, fundadora y directora de @SoyArepita.

Dalby (Gran Bretaña), director editorial de InSight Crime -una fundación dedicada a la investigación del crimen organizado en América Latina y el Caribe-, dijo que la pandemia del coronavirus también afectó considerablemente a las bandas criminales, aunque las de mayor envergadura se repusieron muy pronto y siguieron en actividad.

“En México hubo un alza temporal en el precio de la heroína, el pentanilo y hasta en la cocaína. Hubo dificultades en mover drogas y conseguir precursores químicos desde China, pero muy rápidamente los grandes carteles consiguieron alternativas”, indicó.

“Los grupos criminales de gran envergadura están más preparados para enfrentar una crisis, porque están diversificados.  Si una fuente de ingresos cae, tienen varias otras. También hubo cambios en el tráfico de personas. Los coyotes que sacaban ilegalmente venezolanos a Colombia empezaron a operar al revés, porque muchas personas quisieron volver a su país, a pesar del cierre de la frontera. Lo mismo pasó en Centroamérica”, explicó Dalby.

Risquet (Venezuela), periodista de investigación y coordinadora editorial del Monitor de Víctimas, resaltó que la pandemia también hizo que personas que se quedaron sin trabajo y sin fuentes de ingreso sean tentadas a dedicarse a actividades ilícitas por las bandas de criminales.

“Así como algunos grupos de la mafia italiana generaron empleos ilegales para personas que perdieron su trabajo por la pandemia, lo mismo ocurrió también en América Latina. En Colombia continúa el reclutamiento de personas por parte de grupos armados como el ELN, las disidencias de las FARC, la actividad de los grupos de crimen organizado, solo se ha reacomodado”, aseguró.

En cuando a los desafíos para la cobertura periodística del crimen organizado, Dalby señaló que el principal inconveniente es que no existe una base de datos centralizada, y que resulta necesario crearla. “Mientras tanto, lo que recomendamos es que cada periodista pueda crear y organizar su propia base de datos, según las áreas que más le interese, para suplir la imposibilidad de desplazarse y trabajar en el terreno”, indicó.

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Risquet coincidió en la misma recomendación. “Se puede hacer una base de datos con monitoreo de la prensa. Esto sirve para registrar los hechos y analizarlos. Puede ayudar mucho aprender el programa Excel y manejar estadísticas”, ejemplificó.

Otra indicación importante para suplir las dificultades de acceder al terreno de los temas a cubrir o investigar es manejar una buena red de contactos con reporteros o medios locales, que puedan proveer la información necesaria en un sistema de periodismo colaborativo. “Esto es muy importante, tanto para una cobertura nacional como transnacional: recurrir a colegas que están en el lugar, que conocen mejor la realidad local y también conocen bien los riesgos que implica la cobertura o la investigación”, dijo Dalby.

Tener muy en cuenta la seguridad personal, tanto de los periodistas como de las personas a las que se recurre como fuentes de información, fue otro de los aspectos enfatizados por ambos expertos.

“En un contexto como el de la actual pandemia de COVID-19, la fuente que uno ha estado cultivando durante años de trabajo periodístico adquieren mucho valor, y es importante que tengan la confianza de compartir una entrevista a distancia o de proveer información sobre temas que implican riesgo. Es muy importante aplicar los protocolos de seguridad y cuidado para protegerse uno mismo, y también a los colegas que colaboran con nosotros y principalmente a las fuentes”, dijo Risquet.

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Ambos recomendaron además ser muy cautelosos con la información que proviene de las fuentes oficiales. “La experiencia nos dice que hay que verificar muy bien la información que surge de los gobiernos, mucho más en este momento en donde no podemos ir al lugar donde ocurren los hechos. Hay que contrastar lo que informan, acudiendo a otras fuentes, como ONGs, testimonios de personas que están en la zona, periodistas o expertos. Siempre hay que verificar”, señaló Risquet.

Dalby agregó que en todos los casos hay que preguntarse cuál es la intención de la fuente que provee la información. “Por ejemplo, desde InSight Crime percibimos que cada vez que el Ejército colombiano detiene a un guerrillero lo presenta como un ‘cabecilla’, uno de los supuestos máximos líderes, pero al revisar nuestros registros vemos que son personas que no ocupan ningún cargo importante en su grupo armado. Buscan dar la idea de una captura importante para justificar su presupuesto, pero podemos comprobar que lo que dicen no es real”, indicó.   

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Imagen con licencia Creative Commons en Unsplash, vía Jay Rembert.