Cómo influye la tradición en el periodismo de investigación

porSheila Coronel
Nov 3, 2014 en Periodismo de investigación

Últimamente se ha hablando mucho acerca del posible papel que las nuevas tecnologías pueden desempeñar en la apertura de regímenes políticos restrictivos y en la democratización de la producción del periodismo. Así que, la semana pasada, en la conferencia de lanzamiento de la antología Global Muckraking, de Anya Schiffrin, le planteé esta pregunta a un grupo de periodistas de Sudáfrica, América Latina y China.

¿Vivimos realmente en la era dorada del periodismo de investigación?

La respuesta que obtuve no fue un rotundo “sí”. Fue más bien un “depende”. El periodismo de investigación sin duda sobrevive e incluso prospera, a veces en las condiciones más difíciles. Pero la tecnología, a menudo considerada la súper arma del arsenal de los periodistas de investigación modernos, es quizás un factor menor al lado de algo mucho más impermeable a la moda: la tradición. En algunos países, el hecho de que hayan existido sólidos antecedentes en el periodismo de investigación es más importante para la sostenibilidad de esta especialización, al igual que también lo es la coyuntura política y –elige la metáfora que prefieras– la existencia de una infraestructura o ecosistema que permita el desarrollo de un periodismo que fomente la transparencia.

En Sudáfrica, dijo Anton Harber, el periodismo de investigación es robusto, con equipos de investigación maduros que trabajan en diarios y semanarios, y que están compuestos por periodistas que ponen la mira tanto en la corrupción política en los niveles más altos como en el pésimo estado de los servicios públicos. Incuso durante las primeras décadas del apartheid, los periódicos sudafricanos más pequeños e independientes le dieron un espacio al periodismo de denuncia y, a través de los años, se han ocupado de conseguir grandes historia y construir sus marcas.

Hoy profesor de periodismo, Harber fue editor del periódico Mail & Guardian a fines de los 80, en el pico de la lucha contra el régimen del apartheid. Fue procesado en numerosas ocasiones y el propio periódico fue suspendido por el gobierno durante un mes. La cosecha actual de periodistas de investigación sudafricanos se basa en esta tradición, y medios como el Mail & Guardian han conseguido seguidores debido a su capacidad para develar hechos de alto impacto y perfil.

Otros países no cuentan con este tipo de tradición. Harber citó el ejemplo de Ruanda: a pesar de la reciente apertura del país, los periodistas todavía se muestran recelosos a la hora de revelar las cosas que se hacen mal. La legitimidad del periodismo de investigación como guardián de los derechos de la sociedad no está respaldada por una historia o una práctica y hay muy pocos ejemplos de éxito a los que recurrir. A diferencia de Sudáfrica, donde las revelaciones que hace el periodismo son tomadas por la sociedad civil o por los partidos opositores, todavía no existe en Ruanda una cultura periodística similar.

La tradición fue en buena medida el tema de la conferencia del viernes pasado. Global Muckraking, el libro en torno al cual giró la conferencia, revisa 100 años de periodismo de investigación en todo el mundo y explora cuestiones como qué tipo de periodismo puede fomentar el cambio social y de qué manera.

Preguntas difíciles, sin duda, aunque los paneles que se realizaron a lo largo del día pudieron rescataron algunas cuestiones en común. El impacto de las revelaciones periodísticas tiende a ser individualista, no sistémica; es decir, los funcionarios individuales pueden resultar expulsados de sus cargos, pero las causas subyacentes de los problemas no se abordan. Las reformas a largo plazo como la prohibición del trabajo infantil o el trabajo esclavo demoran años, a veces décadas, y son el resultado no solo de la labor de los periodistas, sino también de activistas, funcionarios públicos reformadores y otros ciudadanos.

Las denuncias de corrupción pueden tener un impacto espectacular e inmediato pero rara vez cambian el sistema. La mayoría de ellas expondrá sus pruebas y revelará nombres, pero a menudo las prácticas corruptas continúan o toman otras formas, incluso después de que los funcionarios corruptos son apartados de sus cargos.

Estas denuncias son como el tango, dijo Silvio Waisbord, quien ha escrito acerca del periodismo de investigación en Latinoamérica. Hay mucho drama y movimiento, con bailarines moviéndose en círculos, solo para terminar donde comenzaron.

América Latina vivió una expansión del periodismo de investigación en la década de los 90, tras la caída de los regímenes autoritarios y la consolidación de la democracia. Todavía hay en la región una tremenda energía de investigación en los medios de comunicación, aunque la situación difiere de un país a otro. Mientras que los periódicos han sido los tradicionales portadores de la antorcha del periodismo investigativo, nuevos sitios online están generando repercusiones, al experimentar con nuevas formas de contar historias e interactuar con sus audiencias.

El Faro en El Salvador, La Silla Vacía y Verdad Abierta en Colombia, Animal Político en México y Plaza Pública en Guatemala, están produciendo investigaciones innovadoras y profundas que incorporan datos, narrativa e interactividad. También son lo que Waisbord llama sitios “híbridos”, a cargo de organizaciones no gubernamentales y periodistas y que emplean el crowdsourcing y la colaboración transfronteriza. Infoamazonia, que hace un seguimiento de la deforestación en la región amazónica, es un buen ejemplo de esto.

En muchos lugares, sin embargo, los periódicos siguen siendo en gran medida los espacios de denuncia, en especial de la corrupción política de alto nivel. En Argentina, La Nación se ha forjado una reputación por conseguir documentos y datos en un país que no tiene una ley de acceso a la información pública, y por desarrollar proyectos de noticias interactivos que involucran a los lectores en la presentación de la información.

Angela Pimenta, quien ha seguido el trabajo del periodismo de investigación en Brasil desde los años 80, dijo que allí los grandes periódicos están a la vanguardia de las revelaciones que han sacudido a la élite política del país, incluyendo sobornos, estilos de vida extravagantes de funcionarios públicos y coimas por parte de la empresa petrolera estatal Petrobras, que supuestamente se utilizaron para financiar la campaña electoral del partido que actualmente está en el poder.

Estas denuncias han capturado el imaginario popular y enfurecido a los ciudadanos. El momento en que se elige destapar la información es importante. Como observó Waisbord, ciertas coyunturas políticas son más aptas para investigaciones de alto impacto. En el caso de Brasil, existe una intensa rivalidad entre los partidos políticos rivales y una insatisfacción popular con la corrupción y la calidad de vida de la población.

Una nueva ley de acceso a la información está dándole nuevos recursos al periodismo y una severa ley anti corrupción busca desanimar a los potenciales funcionarios corruptos. La tecnología, en especial los teléfonos celulares, también ha ayudado a facilitar la difusión de noticias acerca de los últimos escándalos políticos.

China es diferente de Brasil, pero allí también, a pesar de las restricciones, hay más denuncias de corrupción política y de daños ambientales que nunca antes. Las restricciones recientes son preocupantes, pero se ha hecho un trabajo inédito gracias a periodistas y ciudadanos que se han esforzado por superar las prohibiciones.

Si bien China tiene una tradición de cruzadas periodísticas desde principios del siglo XX, las semillas del periodismo de investigación contemporáneo fueron sembradas en la década del 70 con las reformas del mercado y la retirada de los subsidios estatales a los medios de comunicación. Los medios pasaron a depender de la circulación y la publicidad para su supervivencia, y las investigaciones y revelaciones fueron parte de su estrategia para generar ingresos. Internet amplió el espacio para la exposición, especialmente a través de blogs y de Weibo, el Twitter chino. Pero, como dijo el periodista de la BBC Vincent Weifing Ni, algunas de las revelaciones más fuertes fueron dadas a conocer por publicaciones independientes como Caixin, un semanario de negocios, o incluso por la Televisión Central de China (CCTV), la emisora estatal.

En 2011, poco después de un accidente de trenes en el que murieron 40 personas y que desató la ira pública, Caixin reveló la corrupción a gran escala que existió en la construcción del sistema de trenes de alta velocidad del país. La revista expuso el “sistema roto” del Ministerio de Ferrocarriles y, en una edición posterior, puso al ministro en la portada e informó que había comprado una mansión de lujo cerca de Los Ángeles en el año 2002, cuando ganaba menos de US$300 al mes. El ministro fue juzgado, acusado de canalizar hasta US$2.800 millones en cuentas en el extranjero.

El escándalo vende e impacta y, en muchos casos, los excesos de los jerarcas resultan ser su perdición, sean mansiones de lujo, como en el caso del ministro de ferrocarriles Zhang Shugang, o zapatos de suela roja Christian Laboutin, como en el caso de la ministra de comunicaciones de Sudáfrica, Dina Pule, cuya conducta inapropiada en el cargo público dio lugar a muchas revelaciones.

Sin duda, el Partido Comunista tolera e incluso alienta las denuncias de corrupción. Estas proporcionan una válvula para descargar la furia pública y también permiten que el Partido purgue sus filas. Los periodistas se aprovechan de las aberturas para exponer las malas acciones y seguir investigando.

Como explicó Ni, los periodistas chinos se ven a sí mismos como “pájaros carpinteros”, quitando astillas del árbol del poder estatal, en lugar de talarlo. Remover astillas, sin embargo, también puede resultar peligroso: así lo demuestra la cantidad de periodistas y activistas chinos encarcelados por promover sus versiones de los hechos.

Se trate de una edad de oro o no, de cortar árboles o de remover astillas, la práctica del periodismo de investigación se desarrolla a pesar de los obstáculos, e incluso en las circunstancias más adversas.

Sheila Coronel es decana de asuntos académicos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, donde fundó el Centro Stabile para el Periodismo de Investigación. Es cofundadora y ex directora ejecutiva del Centro Filipino para el Periodismo de Investigación.

Este post fue publicado originalmente en el blog de Sheila Coronel Watchdog Watcher y en el sitio de la Global Investigative Journalism Network (GIJN), y es reproducido por IJNet con permiso. GIJN es una asociación internacional de organizaciones sin fines de lucro que apoyan, promueven y producen periodismo de investigación.

Imagen principal con licencia Creative Commons en Flickr, vía HonestReporting.