Malabares entre la crianza y el periodismo durante la pandemia

porFabiana Santos
Aug 14, 2020 en Cobertura del coronavirus
Renata Feldmann e os dois filhos

La rutina cambió. Los niños estudian desde casa, los cuidados de higiene se triplicaron y las noticias sobre el coronavirus no tienen descanso. Esta situación es un desafío particular para los periodistas. Quienes son padres que tienen que lidiar con el cierre de escuelas, el distanciamiento social y horas prolongadas de trabajo.

"Peor que estar en contacto con una sobredosis de malas noticias y dolor, es ver que, incluso con información, hay una cantidad de personas que parecen ciegas, niegan la pandemia y no se cuidan, poniéndose en peligro a sí mismas y a la comunidad", dice Renata Feldmann, editora de GloboNews en Brasilia.

Feldmann sigue trabajando en la redacción. Pero ha tenido que incorporar varios procedimientos. “Cuando llego, tengo que limpiar la computadora, el teclado, el teléfono, la silla, el escritorio, los auriculares. Adoptamos distancia y las dos computadoras a mi lado están vacías. Para comer o beber, tengo que salir de la redacción e ir a un lugar aislado. A veces, la máscara dificulta la comunicación, pero hay que usarla”, dice.

Para algunos periodistas que trabajan en su casa desde marzo, la carga laboral ha aumentado. “La gente nos llama todo el día a través de WhatsApp, correo electrónico, teléfono. Incluso mi extensión del CNI fue transferida al teléfono celular. Ya no hay días ni horarios", explica João Pimentel, responsable de prensa de la Confederación Nacional de la Industria (CNI).

Cris De Lamônica, encargada de prensa de la Secretaría de Proyectos Especiales del Gobierno del Distrito Federal, dice que llegó a bajar de peso y tener insomnio. “Al principio fue más difícil porque tenía trabajo sábado y domingo. El jefe asumió que, estando en casa, estaba disponible todos los días, todo el día. Tuve que poner ciertos límites. Fin de semana solo si es muy urgente. Si puede esperar hasta el lunes, no trabajo los sábados y ni siquiera trabajo hasta tarde. Mi límite son las siete de la noche”, dice.

Cris Lamônica ajudando seu filho a estudar
La periodista Cris De Lamônica ayuda a su hijo Bernardo con su tarea de las clases virtuales. Foto cortesía.

Los padres y madres periodistas también tuvieron que adaptarse para ayudar a sus hijos con las clases online. “Confieso que es un poco difícil. A veces estoy ayudando a un periodista, en video, o escribiendo un texto, y mi hija pide atención para aclarar dudas”, dice Pimentel, padre de cinco hijos de entre 1 y 24 años. Su esposa volvió a trabajar fuera de casa y, la mayor parte del tiempo, Pimentel hace malabarismos entre el trabajo y los niños, a pesar de que tiene a alguien ayudándolo.

Para Feldmann, que tiene un niño de 9 años y otro de 13, acompañar durante las clases online se ha convertido en un desafío adicional. "Tiendo a querer resolver todo rápidamente, así que tengo que aguantarme para no hacer las tareas escolares de mi hijo menor. También me resulta difícil hacer un seguimiento de las tareas de forma digital, tanto que a veces me doy cuenta de que hay una lista de tareas acumuladas que no he visto”, dice.

El lado positivo del confinamiento con niños

El esposo de De Lamônica también trabaja desde casa y, como muchas familias, tuvieron que comprar una computadora para su hijo de 9 años.

“Al principio, tenía que quedarme con mi hijo todo el tiempo para que pudiera concentrarse, sin jugar con las funciones del chat durante la clase, sin mantener el micrófono encendido y molestando al maestro”, dice. Pero pronto se dio cuenta de que, para su sorpresa, las clases online funcionan mejor para su hijo que las clases presenciales. “Bernardo tiene TDAH, es hiperactivo, le cuesta concentrarse en el aula por el ruido. En casa, está mucho más concentrado y ha sacado mejores notas. Incluso nuestra relación ha mejorado", afirma.

João Pimental com quatro de seus filhos
João Pimentel pasa más tiempo con sus hijos, de 1 a 24 años, desde el comienzo de la pandemia. Foto cortesía.

 

Pimentel descubrió que también se concentra mejor cuando trabaja en casa: “Porque en la oficina hay personas que se acercan a tu mesa para hablar contigo, tomar un café, muchas reuniones presenciales y ruido ambiente. El periodista es muy comunicativo, por lo que siempre hay ruido”.

¿Y qué les dicen los tres periodistas a sus hijos sobre la pandemia? Impiden que los niños vean las noticias pero hablan abiertamente sobre el cuidado y la gravedad de la enfermedad. Y tratan de aprovechar las circunstancias al máximo.

De Lamônica dice que está orgullosa del éxito de su hijo en las clases online. “Toma clases en su escritorio en una ubicación central en la casa. Y dejamos fuerte el sonido de la clase para comprobar que todo está bien”, explica.

Pimentel, por primera vez en su vida, logra hacer todas las comidas con los niños e incluso jugar a la pelota al final del día. “Tengo mucho más contacto con el bebé: le cambio pañales y lo pongo a dormir”, dice.

Y los hijos de Feldmann aprendieron a ordenar la casa. “Empezamos a cocinar más juntos, a leer más juntos, a inventar. Divertirse dentro de casa y no aburrirse es mucho más difícil. Pero lo estamos logrando”, concluye. “Por supuesto, hay días en los que todo el mundo está de mal humor, pero el aislamiento ha favorecido la proximidad familiar. Esta intensa convivencia tiene muchos más pros que contras".


Fabiana Santos es brasileña y vive en Washington. Es periodista freelance, productora y editora de videos. Lleva el sitio Tudo sobre minha mãe.

Imagen principal: Renata Feldmann con sus dos hijos. Foto cortesía.