Cómo contar una historia desde un campo de refugiados

porLucila Runnacles
Mar 23, 2018 en Temas especializados

“¡Solo necesito una oportunidad!” Con la mirada en el mar, eso me dijo Abed el primer día que nos encontramos. Ese joven alto y simpático está en Grecia hace seis meses. Dejó atrás Palestina para emprender un largo viaje. Vivió ilegalmente en Egipto y Turquía durante dos meses hasta juntar dinero para poder cruzar en barco a las costas griegas. 

Había decidido que mis próximas vacaciones serían distintas. Necesitaba involucrarme un poco más con la causa de los refugiados. Me cansé de simplemente leer noticias de gente que cruza fronteras peligrosamente para llegar a Europa en un intento de rehacer sus vidas. Tenía que hacer algo más que solo quedarme sentada atrás de la computadora en casa y así surgió la idea de hacer un voluntariado en un campo de refugiados en Grecia.

Esa muy rica experiencia me dio oportunidad de descubrir un sinfín de realidades e historias que merecen ser contadas y abordadas periodísticamente. Como freelance, y a partir de lo que aprendido allí, sugiero tener en cuenta estas recomendaciones a la hora de planificar una cobertura en un campo de refugiados:

1. Saber escuchar 

Durante las dos semanas que estuve en Quíos, Grecia, traté de guardar en la mente cada una de esas historias personales de sufrimiento, para que no queden en el olvido y después plasmarlas tanto en papel como en el mundo virtual. Esas historias van a ser lo más rico de tu trabajo allí y poder acceder a esos testimonios lo vale tanto o más que cualquier cifra a la que podrías acceder desde tu escritorio. No desaproveches esa oportunidad y cuenta sus historias con la mayor precisión y exactitud que puedas. Seguramente sea una de las pocas oportunidades que los refugiados tengan de sentir que forman parte de algo.

2. Usar las redes sociales 

No te limites a una historia o a un medio de comunicación formal. Las redes sociales pueden ayudar a visualizar tu trabajo como periodista y a promover algunas de tus vivencias que quizás no estén en la historia principal, pero no por eso son menos importantes.

Durante los días de voluntariado escuché muchas duras historias de los refugiados, y sentí que eso no podía quedar solo adentro mío. Por eso escribí en mi muro de Facebook pequeñas historias que me contaban. Con el hashtag #WelcomeRefugees, todos los días escribía una. Por ejemplo, conté como una cajita de mate cocido que llevé en mi mochila logró ¨transportar¨ a Abdullah, uno de los refugiados, a Siria por algunos momentos. Mientras tomábamos en una taza compartida, él me contó cómo le gustaba juntarse con los suyos en su país y hacer lo mismo. Triste, recordó que le gustaba tomar té con su esposa que estando embarazada murió en un bombardeo en Homs.

Todos los días, al volver del campo de refugiados, sentía una necesidad enorme de compartir y contar lo que veía y escuchaba. Esa fue una de las maneras alternativas que encontré de hacer llegar duras realidades a la gente que está muy cómodamente leyendo desde sus hogares en otras partes del mundo.

3. Convencer para acceder a la información oficial 

Durante mi estancia en el campo de refugiados, le escribí a un par de contactos en diarios ofreciendo una nota sobre la situación de los refugiados en esa isla y un gran medio de Brasil se interesó. 

Mientras escribía la nota y entrevistaba a fuentes en el campo, me encontré con una gran dificultad: la gente que trabaja para grandes agencias humanitarias u ONGs muchas veces suele contarte sobre la difícil situación de los refugiados o sobre la burocracia del gobierno local, pero no quieren que sus nombres salgan en las notas y algunas veces ni siquiera quieren hablar cuando les dices que estás escribiendo para un medio. 

Ahí me di cuenta que si necesitaba un número o declaración ¨oficial¨ de alguna organización o agencia humanitaria, tenía que terminar hablando con alguien que estaba sentado en su oficina en Suiza u en otro país, pero que no estaba exactamente con las manos en la masa. Para evitar tener que acudir a esa situación, que suele ser poco representativa de lo que realmente pasa en el campo, es importante explicar e intentar convencer a la fuente de la importancia de poder contar con su testimonio, con nombre y apellido, para dar más fuerza a tu historia. 

4. Preservar la fuente 

Pero lo paradójico de esa situación fue que ninguno de los refugiados con los que hablé, que son la parte más vulnerable de esta cadena, tuvo problema en que yo escribiera sus nombres y apellidos.

No obstante, mi consejo es cambiar sus nombres u omitir sus apellidos, para así protegerlos ante la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran. Además, solamente se debe sacarles fotos con autorización y en ese caso, explicarles dónde serán publicadas las imágenes.

Lucila Runnacles es periodista brasileña y bloguera de viajes. Le gusta descubrir nuevos destinos y conocer otras culturas. Lee las historias de sus viajes en su blog Viagem Cult.  Puedes seguirla en Twitter aquí.

Foto: dibujos de los niños refugiados en Quíos, cortesía de Lucila Runnacles.