¿Le sirve a la sociedad la información de Wikileaks?

porElizabeth Palacios Barrientos
Dec 3, 2010 en El ABC del periodista

Cometer actos ilegales para obtener información siempre nos deja frente al riesgo de que después esto pueda ser usado en nuestra contra.

Por otro lado, si bien la información es un derecho, también es cierto que muchas veces la información se debe reservar en aras de proteger la identidad o seguridad de las personas implicadas en dicha información. Cuando una información tiene ese carácter se debe respetar la confidencialidad.

En efecto, la información nunca sobra pero yo creo que ni el emisor ni el receptor están preparados para este tipo de información y hay que ser muy cuidadosos pues presentarla descontextualizada y sin un análisis puede contribuir a la desinformación en lugar de avanzar hacia la transparencia.

La información debe manejarse con responsabilidad. Quiero pensar que esta estrategia de soltarla paulatinamente tiene que ver con la intención de no revelar los cables que en efecto podrían poner en riesgo la seguridad mundial.

Aún así, a mí me parece que este tipo de filtraciones puede- si no provocar directamente- dar un muy buen pretexto a los países poderosos para iniciar conflictos bélicos y poner en riesgo la seguridad de la población.

Creo que como periodistas estamos obligados a preguntarnos, como aconseja Javier Darío Restrepo, ¿para qué le sirve a la sociedad esa información? y a partir de ahí ponderar las decisiones.

En efecto, la libertad de expresión, la libertad de prensa y el acceso a la información son derechos de todas las personas pero los derechos también implican responsabilidades y un análisis de las posibles consecuencias que una información tan delicada podría tener.

Hasta el momento las anteriores filtraciones de Wikileaks en México no han tenido un gran impacto. Entiendo que los cables relaciones con nuestro país no han sido dados a conocer a detalle.

Es preocupante pues al ver cómo puede reaccionar el poder ante otro tipo de filtraciones (como en el caso Televisa vs. Proceso) y atendiendo a los antecedentes del uso del sistema de justicia y el poder público para frenar la libertad de expresión uno podría temer reacciones que incrementen la violencia contra los medios o comunicadores que publiquen esa información, sobre todo si se dan a la tarea de investigar más y contextualizar la información para llevarla al plano local. Es por ello que debemos estar atentos, pero no guardar silencio.

Es impresionante ver que la gente va perdiendo la capacidad de asombro. Leer en redes sociales a personas que dicen que las filtraciones solo vienen a corroborar sospechas previas de lo que podía ser orquestado desde la Casa Blanca me parece muy grave.

Es decir, pareciera que se ha perdido el sentido de la indignación y la opinión pública está mirando el fenómeno de una manera muy superficial, sin contexto.

Me parece que ningún medio está listo para manejar este tipo de información y los Estados no están tampoco preparados para brindar protección a las personas que revelaron estos datos, ni mucho menos para defender su soberanía por la vía política, sin poner en riesgo la seguridad de la población civil que puede quedar atrapada en medio de conflictos bélicos potenciales.

Elizabeth Palacios Barrientos estudió Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Comenzó su trayectoria profesional como periodista en 1993. Ha trabajado como documentalista para la Dirección General de Actividades Cinematográficas de la UNAM, como coordinadora de la sección cultural del periódico La Jornada Morelos y como corresponsal del diario nacional La Jornada. Actualmente, además de trabajar para la CDHDF tiene un proyecto personal de promoción y defensa de los derechos humanos a través de los medios digitales y las redes sociales, es autora de su propio blog (http://elizabethpalacios.wordpress.com) y colabora ocasionalmente en el periódico El Gráfico, abordando temas de violencia, delincuencia organizada, seguridad y derechos humanos.